Viernes Santo1

Celebración de la Pasión del Señor

El Viernes Santo, a las 17:00 horas, se celebró en la Catedral de Santa María la Real de Pamplona la Pasión del Señor. Una celebración que se realizó a puerta cerrada debido al coronavirus y que fue presidida por el Arzobispo, Mons. Francisco Pérez.

En esta celebración litúrgica se conmemoró la Muerte del Señor, se realizó también la celebración de la Palabra que concluyó con la adoración de la Cruz y con la Comunión Eucarística, consagradas el Jueves Santo. Una celebración que invita también a hacer una pequeña conmemoración de la Virgen María, la Madre dolorosa, que estuvo a los pies de la Cruz.

Las lecturas de la Pasión fueron leídas por Aurelio Sagaseta, Maestro de Capilla, Carlos Ayerra, Deán de la Catedral, y José Antonio Goñi, delegado de Liturgia.

Tras las lecturas don Francisco realizó la predicación. Nos recordó que habíamos vivido el silencio del calvario, de la muerte de Cristo. “Un silencio que se hace hoy presente en nuestras calles, en los enterramientos de nuestros seres queridos, en los silencios de la gente que trabaja para favorecer, elevar y levantar a los enfermos, y que muchas veces derraman lágrimas porque no han podido hacer más. Ese silencio del que está encamado, ese silencio que a veces hay en nuestra mente y en nuestro corazón. Todos esos silencios son el mismo silencio que el del calvario”. Don Francisco animó a preguntarse sobre quién nos puede ayudar a vivir bien este silencio. Y concluyó diciendo que era la Virgen María, “la misma que estuvo en el calvario firme, dolida, pero no desesperada”.

Don Francisco nos recordó que Cristo no nos había dejado huérfanos, ya que con su muerte nos entregó su Espíritu. “Nosotros al igual que lo hizo Juan en el calvario, hemos de recibir a nuestra madre la Virgen. Y en estos momentos de silencio allí está nuestra madre, derramando las mismas lágrimas que derramamos nosotros. Ella con su manto quiere acogernos a todos, consolándonos, alentándonos y fortaleciéndonos”, explicó don Francisco.

Y concluyó pidiendo que “la Virgen María nos ayude a comprender que en medio de los silencios está la plenitud del amor de su hijo, que ha dado la vida por cada uno de nosotros”.

Tras las peticiones, el Deán de la Catedral, Carlos Ayerra, descubrió la Cruz de Cristo, mientras se escuchaba el canto “Venid, venid lamentos”, con texto de Lope de Vega.

A continuación, se realizó la adoración comunitaria, de rodillas y con un momento de silencio. Seguidamente don Francisco repartió la comunión.