Encuentro Misionero de Verano

El pasado jueves, 29 de julio, se celebró en el Seminario Conciliar San Miguel de Pamplona el Encuentro Misionero de verano. Este encuentro se celebra tradicionalmente en Javier pero dadas las circunstancias de la pandemia, y para favorecer el traslado y la convocatoria de los misioneros, este año se celebró en Pamplona.

Como todos los años fue un momento de fe celebrada y de vida compartida, en la que se dieron cita 23 misioneros, varios voluntarios y la Delegación de Misiones y OMP en Navarra.

El encuentro comenzó con la celebración de la Santa Misa misionera, presidida por nuestro Obispo Auxiliar, Mons. Juan Antonio Aznárez, y concelebrada por Óscar Azcona Muneta, Delegado de Misiones y Director de OMP en Navarra, y el rector del Seminario, Miguel Larrambebere, junto a varios misioneros.

Al inicio de la celebración, Óscar Azcona agradeció la labor de los misioneros navarros que son expresión viva de Dios, desde la sencillez que caracteriza a todo misionero.

Juan Antonio Aznárez, durante la homilía, habló a los misioneros sobre el amor de Dios: su fidelidad, incondicionalidad y redención que solo puede quebrantarse por nuestro pecado. Aun así, la Historia de la Salvación refleja claramente cómo el amor de Dios es fiel. Una fidelidad y entrega que se constata con rotundidad en la entrega que hizo Dios de su hijo en la cruz: máxima expresión de la entrega incondicional de Dios a la humanidad. La celebración fue también un momento de comunión con los misioneros españoles, especialmente con los navarros, y con todos aquellos misioneros y misioneras que han pasado a formar parte del Reino de Dios durante este curso.

Como no podía ser de otra manera, la Eucaristía dio paso a un encuentro fraterno donde los asistentes pudieron compartir la alegría de saberse familia, no sin antes hacerse una fotografía de grupo.

Celebraron la fe y la amistad, la misión y la familia… la alegría de pertenecer a un Dios padre que les hermana entre ellos y entre los más empobrecidos en todos los rincones del mundo. Esa otra parte de la familia que necesita las manos de Dios a través de los misioneros, aunque, en muchas ocasiones son ellos los evangelizados.

Recogieron, limpiaron agradecieron al Seminario su acogida… y marcharon con el corazón un poco más ancho, para seguir con la tarea cotidiana. Entre un Padre Nuestro y un Ave María, canturreando aquello de: “Somos misioneros, tenemos una misión…”.

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