Homilía del Cardenal Celestino Aos con motivo de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María

El pasado lunes, 15 de agosto, el Cardenal Celestino Aos, navarro y actualmente Arzobispo de Santiago de Chile, presidió la Solemnidad de la Asunción  de la Virgen, en la Catedral de Santa María la Real de Pamplona. Una celebración que contó con numerosos fieles.

A continuación transcribimos la homilía que pronunció el Cardenal Celestino Aos:

«Asunción de la Virgen.

Fiesta, fiesta grande de misa, de confesión y comunión. Para entendernos debemos enfrentar la pregunta ¿Quién es esta mujer a la que honramos? Es la Virgen María, la Madre de Jesucristo, la Madre del Señor. Al comienzo de su embarazo, cuando sólo Ella conoce el misterio de la Encarnación, camina a Ain Karin a ayudar a su prima Isabel. Isabel la conoce: es mi prima de Nazaret; pero La fe lleva a Isabel a un conocimiento más profundo: no sólo estamos cercanas y unidas por la misma sangre que nos emparenta, Ella, es la Madre de mi Señor, Ella es la que cree que se cumplirá lo que fue anunciado de parte del Señor. Ella lleva en su seno y está gestando al Mesías esperado, pero ya no quedará en la sombra, aparecerá en gloria ante todas las naciones: en adelante todas las generaciones me llamarán bienaventurada porque el Todopoderoso ha mirado con bondad la pequeñez de su servidora, ha hecho en mi grandes cosas, me envuelve en su misericordia. Y hoy la vemos envuelta en la misericordia del Señor

¿Quién es esta mujer a la que honramos?  Es mi Madre. Porque desde la cruz el mismo Jesús la proclama: Mujer ahí tiene a tu hijo, hijo ahí tienes a tu Madre.  Es mi madre la que recibe la mayor de las condecoraciones: inmaculada en su concepción, sin mancha durante su vida, ahora es coronada de gloria, plenitud de redención. ¡Cómo no me voy a alegrar con el triunfo de mi madre! Aquí la veneraron y honraron nuestros padres y abuelos, aquí en esta Catedral como Reina y Señora.

Y nos viene la segunda pregunta: ¿Quién soy yo? Yo también soy criatura del Dios, yo también fui llamado a la vida por Dios; yo también voy viviendo en la fe envuelto en la misericordia del Señor. Yo también soy redimido por la Sangre santa de Jesús. Yo voy peregrinando en fe, igual que María peregrinó en fe. Y yo también estoy llamado a ser glorificado, a participar de la victoria de Jesucristo. Es la certeza de nuestra esperanza: volveré para llevaros conmigo para que donde yo estoy estéis vosotros también. Es nuestro día de fiesta.

Por Ella, por la Virgen Maria, se cumplió lo que el Apocalipsis proclama: “Ya llegó la salvación, el poder, el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías”. Sí, la Salvación está ya actuando entre nosotros. Eran situaciones difíciles y muy dolorosas: seguía mandando el emperador, e imponía su ley con violencia; los cristianos y las cristianas, por el simple hecho de confesar y seguir a Jesucristo, de proclamarse su Iglesia, eran perseguidos, torturados y muertos en martirio. ¿Qué pasa con la fuerza de Jesucristo, con su resurrección y triunfo? El Apocalipsis les reafirma: miren bien, existe el mal, y el mal les da temor y les hace sufrir, pero no están solos: ya llegó la salvación, el poder del Reino de Dios y la soberanía de su Mesías”. Que misterio tan grande la vida de la Virgen María: Ella lleva en su seno, Ella acompaña en Nazaret, Ella está al pie de la cruz junto al Salvador, junto al Todopoderoso, y Ella constata la fuerza del mal, el implacable poder del pecado. Hasta ver morir Crucificado a su Hijo y Señor Jesucristo.

Pero Jesucristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. La muerte vino al mundo por medio de un hombre, Adán; la resurrección, la Vida eterna viene por un hombre, Jesucristo. Jesucristo es el primero en resucitar luego aquellos que estén unidos a Él en el momento de su venida. Llegará un día glorioso en que se manifestará Jesús en todo su poder y gloria: el día que decimos del juicio final. Pero para cada uno de nosotros llega antes el día de la plenitud: cuando yo muera, cuando Jesús venga a llevarme con Él y con la Virgen María.

La fiesta de hoy, esta misa y esta comunión que celebramos nos proyectan hacia la eternidad. Y quien vive proyectado a su eternidad no se entristece ni se evade de este mundo, sino que vive con alegría esta vida, que es preparación y semilla de la Vida eterna. Que usted y yo podamos vivir hoy una jornada hermosa, que la alegría de la fiesta de la Asunción de la Virgen nos llene el corazón.»

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