Todos los santos y santas que se veneran especialmente en la liturgia propia de la Diócesis de Pamplona y Tudela, con una breve biografía de sus vidas y, en su caso, un fragmento de sus obras.

Febrero

6 de febrero: Santos Martín de la Ascensión, Pablo Miki y compañeros mártires

Martín de la Ascensión nació en un pueblo de Guipúzcoa, perteneciente entonces a la diócesis de Pamplona. A mediados del siglo XVI, ingresó en la Orden franciscana y marchó como misionero a Japón. Al arreciar la persecución contra los católicos, fue encarcelado junto con otros veinticinco. Después de soportar graves ultrajes, fueron crucificados en Nagasaki el 5 de febrero de 1597.

24 de febrero: Ascensión del Corazón de Jesús.

 

Marzo

1 de marzo: San León, obispo y mártir

Primer Obispo de Bayona, en la segunda mitad del siglo IX. Dice la tradición que vino desde Rouen, en donde ya era Obispo, enviado como evangelizador de los normandos entonces establecidos en las tierras de Bayona. Extendió su apostolado a las dos vertientes del Pirineo en la región de los Vascones. Hacia el año 890 fue decapitado por los gentiles.

8 de marzo: San Veremundo de Irache, abad

Fue abad del monasterio de Irache bajo cuyo gobierno alcanzó una de sus momentos de esplendor. El hospital de peregrinos con el que contaban era etapa indispensable de los peregrinos del Camino de Santiago. El rey Sancho IV de Peñalén favoreció al monasterio con numerosas donaciones, a las que se sumaron otras donaciones particulares.
Parece que poco después de su muerte recibió culto como santo. No obstante, las primeras noticias hagiográficas sobre su persona has llegado a través de testimonios muy tardíos (Leccionario de Irache, 1547). Según estas piadosas tradiciones, el santo nació en Villatuerta o Arellano hacia 1020 y fue sobrino de su predecesor, el abad Munio. Una de sus virtudes más notables fue la caridad solícita en tiempos de peste y de hambre que padeció el reino de Pamplona. Falleció el 8 de marzo de 1090.
A consecuencia de la desamortización los restos del santo pasaron a Ayegui (1839) y desde 1840 los conservan alternativamente durante plazos quinquenales los dos pueblos que disputan su nacimiento. La catedral de Pamplona posee reliquias del santo.
El monasterio tuvo importancia en la defensa de nuestra liturgia hispánica o mozarábica en la polémica del cambio de rito. En el pontificado de Alejandro II, el Liber ordinum de Irache fue llevado a Roma (1065 o 1069) para ser inspeccionado y aprobado, junto con el Liber Missarum de Estella, a fin de disipar las acusaciones de herejía.

15 de marzo: San Raimundo de Fitero, abad

Nació a finales del siglo XI en Tarazona, de cuyo cabildo habría formado parte, o quizá en Saint Gaudens de Comminges, cerca de Tolosa (Francia), patria a su vez del obispo Miguel de Tarazona, que lo habría traído consigo a la Península. Algunos sitúan su toma de hábito en el monasterio cisterciense de Scala Dei (Tarbes, Francia), aunque problablemente ingresó inicialmente en el de Yerga en torno al 1140. Un año después estaba al frente de la comunidad, que trasladó a Niencebas para establecerse después en Fitero (1152) creando el monasterio de Santa María. En 1158-1159 fundó la Orden Militar de Calatrava, bajo la regla del Císter. Murió cinco años más tarde, el 6 de febrero de 1163, en Ciruelos (Toledo).
Sus restos permanecieron en la iglesia monástica de la Orden Militar de Calatrava de Ciruelos (Toledo) hasta el 15 de marzo de 1468 cuando, con la autorización del papa Pablo II, se trasladaron al monasterio de Monte Sión en Toledo y desde el siglo pasado se veneran en la catedral de la misma ciudad.

 

Abril

Dedicación de la iglesia catedral metropolitana de Santa María de Pamplona

Martes después del domingo II de Pascua. En la diócesis de Pamplona, Fiesta (en la catedral: solemnidad)
Las noticias relativas a la presencia de obispos pamploneses en los Concilios III de Toledo (589) y II de Zaragoza (592) indican la existencia de una iglesia catedral en la Pamplona de esa época. La siguiente información documental al respecto señala que en el año 924 Abd-Al-Rahman III, en su campaña contra el naciente reino de Pamplona, destruyó la iglesia allí existente. No queda nada del templo diocesano que Sancho III el Mayor restauró, a principios del siglo XI, con el fin de albergar la cátedra episcopal. Fue demolido para levantar de nueva planta una grandiosa catedral románica, iniciada en el 1100 por el obispo don Pedro de Roda, quien colocó la primera piedra.
Siguió las obras de la catedral el obispo Guillermo (1115-1122), que fue el primero en recibir sepultura en la sala capitular. En 1127, durante el pontificado de Sancho de Larrosa (1122-1142), se consagró solemnemente, con la presencia de Alfonso I el Batallador y de muchos obispos, abades, nobles e innumerable muchedumbre de fieles. Aparece en esta época los canónigos regulares, antes seculares, bajo la regla de san Agustín. Para 1137 estaba terminado el claustro, que desapareció después del vandálico saqueo de la catedral hacia la fiesta de San Miguel de 1276.
Las obras del nuevo claustro comenzaron en 1280 a instancias del obispo don Miguel Sánchez de Uncastillo. El obispo Arnaldo de Barbazán (1318-1355) mandó construir la otra mitad del claustro y la capilla que lleva su nombre. En 1390 se hundió la catedral románica. La construcción de la catedral gótica comenzó en 1394 gracias al impulso del rey Carlos III y del obispo de Pamplona, cardenal Martín de Zalba, y se terminaron las obras a principios del siglo XVI. La catedral no sufrió ninguna intervención importante hasta este siglo, salvo la fachada neoclásica levantada en los últimos años del siglo XVIII.
En el mes de agosto del año 1992 comenzó la profunda restauración de la catedral de Pamplona: excavaciones arqueológicas, investigación histórico-artística, restauración plena de la estructura. Finalizaron en octubre de 1994 y el día 6 de noviembre de ese año se dedicó de nuevo la iglesia catedral de Santa María.
La fiesta de la dedicación no es fija y se celebra siempre en la feria III del domingo «in albis». Esta norma se estableció en 1301, no como algo nuevo, si no ya tradicional, observado desde antiguo.

Mayo

1 de mayo: San José Obrero

8 de mayo: Santa María Virgen, Madre y Medianera de la gracia

En este día del mes de mayo veneramos en Navarra a la Virgen, como mediadora subordinada a su Hijo Jesucristo. La Iglesia experimenta esta función de María «continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que apoyados en este patrocinio maternal se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador» (Lumen Gentium, n. 62) (Cfr. Marialis Cultus, nn. 22 y 56).
Antes del Concilio Vaticano II se celebraba el día 31 de mayo y su denominación era: Beata Maria Virgo, omnium gratiarum Mediatrix. En 1971 esta celebración fue revisada por la Sagrada Congregación para el Culto Divino con el fin de armonizarla con la doctrina que el Concilio Vaticano II había expuesto sobre el significado y el contenido de la mediación de la Virgen. Pasó a denominarse: Beata Maria Virgo, gratia Mater ac Mediatrix, recogiendo en sus textos a la vez la función maternal y el papel mediador de la Virgen. La fecha de la celebración que quedaba impedida por la fiesta de la Visitación por lo que en muchos lugares se tomó el 8 de mayo como día más apropiado.

13 de mayo: San Miguel Garikoitz

Nacido el 15 de abril de 1797 en Ibarra (Baja Navarra). Tras su ordenación presbiteral fue enviado como coadjutor de una parroquia para pasar a ser, más tarde profesor de Filosofía y rector del seminario mayor de Betharram. Aquí proyectó la fundación del Instituto de Sacerdotes del Sagrado Corazón —llamados betharramitas— cuya finalidad es la ayuda a los sacerdotes en las parroquias, en los colegios y en los seminarios, con la predicación y la enseñanza. Recibió la ayuda moral de santa Juana Isabel Bichier des Ages, cofundadora de las Hijas de la Cruz, a quienes san Miguel Garikoitz dirigió. Aprobado el Instituto (1841), Betharram fue la sede en donde pasó sus años predicando, enseñando, estudiando, orando y dando ejercicios espirituales. Paralítico desde 1853, el día 14 de mayo de 1863, día de la Ascensión, entregó su alma al Señor.
Presentamos a continuación tres textos de san Miguel Garikoitz, incluidos en la Liturgia de las Horas de Navarra: ¡Señor, enséñame a hacer tu voluntad!
El hombre ha sido creado para alabar, adorar, y servir a Dios. De estos tres deberes, el primero es el más fácil; el segundo no es muy difícil; el tercero sin embargo, encuentra inmensas dificultades en nuestra naturaleza, viciada por el pecado.
Sin ninguna duda, el servicio de Dios es la gloria y la felicidad del hombre. La voluntad de Dios es siempre buena, siempre perfecta en sí misma, y siempre deseable para la criatura. Sin embargo nuestra ceguera es tan grande, que rara vez la conocemos con claridad; y tan grande es nuestra malicia, que incluso, cuando conocemos bien esta voluntad tan adorable y buena, nuestra voluntad rehusa con frecuencia el cumplirla. El hombre no quiere depender de nadie más que de sí mismo. Desea una libertad desordenada, una independencia engañosa. He ahí la fuente de todo mal; del mismo modo que toda la felicidad del hombre proviene de servir a Dios y de hacer su voluntad.
Digamos, pues, con insistencia: Señor, ¿qué quieres que haga? ¡Enséñame a hacer tu voluntad! Entre estos tres deberes, el que merece por nuestra parte, la atención más seria es el de servir a Dios, el de hacer su voluntad. Lo primero, porque es el que encuentra en nosotros los mayores obstáculos; además, porque el servicio de Dios es cosa de todo instante, sin interrupción. No podemos estar haciendo sin cesar actos de alabanza y de adoración; pero continuamente podemos y debemos servir a Dios. Este deber abarca todos los instantes de nuestra vida, incluso los de nuestro sueño, e incluso el momento de nuestra muerte.
Servir a Dios es mantenerse en una absoluta dependencia de su voluntad en todo. En todo lugar y tiempo, lo que Dios quiere, como Dios quiere, porque Dios quiere. Con un corazón grande, con un espíritu decidido y pronto.
Con esta actitud de amor y de entrega a la voluntad de Dios, debemos buscar la alegría, la paz, el bien, la plenitud.
El amor es clarividente: ve todo, comprende todo, prevé, adivina. Desde el extremo de las Indías, san Francisco Javier, adivina los deseos, los proyectos, los pensamientos de san Ignacio.
Para ver la voluntad de Dios, es necesario amarle.
(Père, me voici, París 1962, pp. 56-58. 66)

25 de mayo: Santa Vicenta María López Vicuña, virgen

Nacida en Cascante el día 22 de marzo de 1847, desde niña se distinguió por su amor a la doctrina cristiana. En 1866, rechazando el matrimonio, hizo voto de castidad. Para atender a las necesidades de las jóvenes sirvientas, fundó en Madrid, el 11 de junio de 1876, el Instituto de Religiosas de María Inmaculada, donde tomó el hábito y, dos años más tarde, emitió sus votos religiosos. Empleando generosamente su vida por las almas, sobresalió por su eximia caridad a Dios y a sus hermanos, y especialmente a los pobres y humildes, característica que dejó en herencia a sus hijas. Dejó esta vida mortal en Madrid el 26 de diciembre de 1890. El 25 de mayo de 1975 el papa Pablo VI la elevó a los altares.

30 de mayo: Santísima Trinidad

Junio

26 junio: San Josemaría Escrivá de Balaguer, presbítero

Nació en Barbastro en 1902, y fue ordenado presbítero en 1925. El 2 de octubre de 1928 fundó el Opus Dei, abriendo en la Iglesia un nuevo camino, para que hombres y mujeres de toda condición vivan con plenitud la vocación cristiana, santificando sus ocupaciones en el mundo. El Opus Dei fue erigido en 1982 en prelatura personal. Josemaría Escrivá fundó la Universidad de Navarra en 1952 y en 1960 recibió el título de Hijo Adoptivo de Pamplona. Murió en Roma el 26 de junio de 1975.
A continuación se ofrecen algunos fragmentos de una de las homilías de san Josemaría Escrivá, de la liturgia del día:
Contemplativos en medio del mundo
Nos quedamos removidos, con una fuerte sacudida en el corazón, el escuchar atentamente aquel grito de san Pablo: ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación. Hoy, una vez más me lo propongo a mí, y os lo recuerdo también a vosotros y a la humanidad entera: ésta es la voluntad de Dios, que seamos santos. Para pacificar las almas con auténtica paz, para transformar la tierra, para buscar en el mundo y a través de las cosas del mundo a Dios Señor nuestro, resulta indispensable la santidad personal. A cada uno llama a la santidad, de cada uno pide amor: jóvenes y ancianos, solteros y casados, sanos y enfermos, cultos e ignorantes, trabajan donde trabajen, estén donde estén. Hay un solo modo de crecer en la oración, hablar con él, manifestarle -de corazón a corazón nuestro afecto.
Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra…, hasta que parece insuficiente ese fervor, porque las palabras resultan pobres…: y se deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros. Mientras realizamos con la mayor perfección posible, dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansía escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro atraído por la fuerza del imán. Se comienza a amar a Jesús, de forma eficaz, con dulce sobresalto.
Pero no olvidéis que estar con Jesús es, seguramente, toparse con su cruz. Cuando nos abandonamos en las manos de Dios, es frecuente que él permita que saboreemos el dolor, la soledad, las contradicciones, las calumnias, las difamaciones, las burlas, por dentro y por fuera: porque quiere conformarnos a su imagen y semejanza, y tolera también que nos llamen locos y que nos tomen por necios. Al admira y al amar de veras a la humanidad santísima de Jesús, descubriremos una a una sus llagas. Y en esos tiempos de purgación pasiva, penosos, fuertes, de lágrimas dulces y amargas que procuramos esconder, necesitamos mantenernos dentro de cada una de aquellas santísimas heridas: para purificarnos, para gozarnos con esa sangre redentora, para fortalecernos.
El corazón necesita, entonces, distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es como un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo. Sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse; ya el entendimiento se aquieta. No se discute, ¡se mira! Y el alma rompe otra vez a cantar nuevo, porque se siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a todas horas.
Con esta entrega, el celo apostólico se enciende, aumenta cada día -pegando esta ansia a los otros-, porque el bien es difusivo. No es posible que nuestra pobre naturaliza, tan cerca de Dios, no arda en hambre de sembrar en el mundo entero la alegría y la paz. de regar todo con las aguas redentoras que brotan del costado abierto de Cristo, de empezar y acabar todas las tareas por Amor.
Que la Madre de Dios y Madre nuestra nos proteja, con el fin de que cada uno de nosotros pueda servir a la iglesia en plenitud de la fe, con los dones del Espíritu Santo y con la vida contemplativa.
(Hacia la santidad, Madrid 1973, pp. 7-9. 12-13. 20-21. 23-24. 32-33. 40-41. 52)

Julio

7 de julio: San Fermín, obispo y mártir

26 de julio: Santa Ana, madre de la Virgen María

31 de julio: San Ignacio de Loyola, presbítero

Nació en 1491 en Loyola, perteneciente entonces al obispado de Pamplona. Siendo militar a las órdenes del rey de Castilla, don Fernando, cayó herido el 20 de mayo de 1521 en el sitio de Pamplona cerca de donde hoy estás la iglesia a él dedicada. Durante su gran convalecencia en Loyola se convertido a Dios, completó los estudios teológicos en París, en La Sorbona, y aquí reunió a sus primeros discípulos, entre los que se encontraba san Francisco Javier, con los que fundó en Roma la Compañía de Jesús. Ejerció un apostolado meritorio, siendo con los suyos un autentico renovador de la Iglesia en la Contrarreforma. Murió en Roma el 31 de julio de 1556.

Agosto

19 de agosto: San Ezequiel Moreno Díaz, obispo

Nació en Alfaro (La Rioja), diócesis de Tarazona, el 9 de abril de 1848. A los 16 años ingresó en el convento de Agustinos Recoletos de Monteagudo. Fue ordenado presbítero en Manila en 1871. Sus quince primeros años sacerdotales, llenos de ilusión apostólica, transcurrieron en Filipinas. En mayo de 1885 fue nombrado prior de Monteagudo, destacando por su celo apostólico tanto dentro como fuera del convento. Desde 1888 hasta pocos meses antes de su muerte dedicó a Colombia su multiforme actividad: vitalizó la provincia de la Candelaria, instauró una nueva época misional, fue primer vicario apostólico de Casanare y desde 1896 obispo de Pasto. A su servicialidad sincera unió una fortaleza a toda prueba cuando mediaban los intereses de Cristo y la fidelidad a la Iglesia. Defendió la familia y combatió los errores doctrinales. Visitó al Papa León XIII con el fin de renunciar a su diócesis, pero escuchó de labios del Vicario de Cristo: «Vuelva a su diócesis; obispos así, necesita el mundo.» Murió en el convento de Monteagudo, donde había profesado y del que fue prior, el 19 de agosto de 1906. Se ofrecen a continuación dos ejemplos de su extensa correspondencia pastoral.
Tú eres mi fortaleza y mi refugio
Bien sabemos que vosotros, amados hijos, habéis obrado sin intermisión al Padre celestial por vuestro obispo, y habéis hecho dulce violencia al sagrado Corazón de su divino Hijo con vuestros ruegos para que volviéramos (a la diócesis). Dios nos ha oído, y ha querido nuestra vuelta; vosotros lo habéis celebrado de un modo extraordinario, y nos viviremos siempre agradecido a vuestras oraciones y demostraciones de afecto, que es lo que queremos manifestar en este escrito para que quede memoria perpetua de nuestra gratitud.
Tal es la recompensa que deseamos para todos vosotros, amados hijos, y que pediremos a Dios nuestro Señor con instancia todos los días de nuestra vida. Vuestra eterna salvación es el deseo ardiente de nuestro corazón de obispo y de padre; pero no sólo os ofrecemos como recompensa a vuestros obsequios ese buen deseo, sino que os ofrecemos también duplicar nuestros esfuerzos en bien de vuestras almas. Confesamos nuestra flaqueza y debilidad; pero bien sabéis que nuestro escudo de armas es la imagen del sagrado Corazón de Jesús, y que a esa imagen preciosa rodean estas palabras: «Fortitudo mea et refugium meum es tu» (tu eres mi fortaleza y mi refugio). Colocamos de intento estas palabras alrededor del divino Corazón para que fueran una confesión constante de nuestra propia debilidad, acto continuo de nuestra confianza en él, y perpetua jaculatoria que le mueva a protegernos. No hay momento en que no hablen esas palabras al Corazón de Jesús, porque ésa es nuestra intención de siempre, ni instante en que no le repitamos: Tu eres mi fortaleza y mi refugio; y nos parece que ese divino Corazón nos está diciendo: «Ergo ero tecum» (yo estaré contigo). Esto nos anima en medio de nuestra propia debilidad, y confiando en el Corazón del Omnipotente, es como os prometemos seguir luchando por su gloria y por la salvación de vuestras almas hasta el último momento de nuestra vida.
Bien sabemos lo que nos espera en esa lucha, y demasiado lo sabéis vosotros también, amados hijos, porque ya lo habéis visto: burlas, ultrajes, calumnias, persecución, continuo sufrir; pero ¿qué cosa puede haber más dulce para nos, que sufrir por la gloria de Dios y por vuestro bien, por vosotros, que tan acreedores os habéis hecho a eso y a más que pudiéramos daros? ¿De qué otro modo pudiera corresponder mejor a vuestro afecto que sufriendo por vuestras almas y salud eternas? ¿A qué mayor bien, además, podemos aspirar que a sufrir por aquel que sufrió por nosotros hasta la muerte, y una muerte de cruz? De esa manera, y con la gracia de Dios, quisiéramos pasar el poco tiempo que nos quede de vida temporal, como la mejor preparación para pasar a la vida eterna y feliz de la gloria, único bien positivo al que todos debemos aspirar con toda nuestra alma, y procurar con todas nuestras fuerzas.
(O.A.R. Toribio Minguella, Cartas pastorales, pastorales, circulares y otros escritos del Ilmo. y Rvmo. Sr. D. Fr. Ezequiel Moreno y Díaz, Madrid 1908, pp. 171. 173-174)
Jesucristo dio su vida para unir a los hijos de Dios que andaban dispersos
El omnipotente Criador del hombre quiso y procuró desde el principio del mundo que los hombres, como hermanos que eran, vivieran como una sola familia en unión y paz
Ése era el hermoso plan divino; plan de unión y paz entre los hombres, y de todos los hombres con él, que es y será siempre el origen y fuente de toda unión durable y de la paz verdadera.
Para que reinara esa unión grabó Dios en el corazón de los hombres, desde que formó al primero, una ley de amor hacia él, su Criador, y entre ellos mutuamente; ley que más adelante les dio, escrita en el Sinaí con solemnidad aterradora, para que más les impresionara y más la apreciaran.
Los hombres, a pesar de esas precauciones tomada por Dios, abusando de la libertad que les diera, en vez de vivir en unión y paz y amarse como hermanos, entraron en divisiones y se aborrecieron como enemigos.
Cuatro mil años llevaban los hombres de desunión y venganzas, y Dios, movido a misericordia, de tal modo amó al mundo, que le dio a su Unigénito. El Verbo se hizo carne, habitó entre los hombres y, con sus humillaciones, con sus sufrimientos y con su dolorosa muerte, restauró el reino del amor y de la paz. Jesucristo dio su vida en la cruz entre malhechores para unir a los hijos de Dios que andaban dispersos.
Para consolidar esa unión que Jesucristo procuró a los hombres con su pasión y muerte, fundó su Iglesia Santa, en la que dejó medios admirables, que mantuvieron esa unión. En ella se propone a todos la misma fe; se señalan los mismos beatíficos destinos para la eternidad; se ordena la misma caridad; se imponen los mismos preceptos; se alienta a todos con el mismo culto, y se vivifica con los mismos sacramentos. Dentro de la Iglesia todos los hombres son lo mismo, todos tienen los mismos derechos, todos son hermanos, y sólo se ve diferencia en la Jerarquía instituida por el divino Fundador; pero el supremo jerarca de esa Iglesia se llama con gusto siervo de los siervos de Dios.
¿Y qué diremos de la eficacia de la doctrina de Jesucristo para fomentar la unión y la paz entre los hombres? Jesucristo manda que amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos; que suframos mutuamente nuestros defectos en caridad; que nos ayudemos unos a otros a llevar la carga; que a nadie dejemos de hacer bien, ni a los que nos odian, y que oremos hasta por los que nos persiguen.
¿Qué más tenía que hacer Jesucristo para dar a entender que quería la unión entre los hombres y que la procuraba? ¡Ah! Además de proporcionar los medios indicados y de dejarlos en su Iglesia para sostener la unión, pidió también esa unión a su eterno Padre en el momento solemne y de la manera más tierna y conmovedora.
(A los fieles de Pasto, 1905: O.A.R. Toribio Minguella, Cartas pastorales, circulares y otros escritos del Ilmo. y Rvmo. Sr. D. Fr. Ezequiel Moreno y Díaz, Madrid 1908, pp. 547-549)

28 de agosto: San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

30 de agosto: Beatos Esteban de Zudaire, Juan de Mayorga y compañeros mártires

Esteban nació en Zudaire, Améscoa Baja, en 1548. Entró como hermano coadjutor en la Compañía de Jesús a los 19 años de edad, en el otoño de 1567, en Villarejo de Fuentes (Cuenca). Su oficio era sastre. Terminada su formación pasó al colegio de Plasencia (Cáceres) y aquí fue destinado a la misión del Brasil.
Juan de Mayorga nació en San Juan de Pie de Puerto (Baja Navarra) el año 1533. Sus cuadros como pintor eran muy celebrados en Zaragoza, donde entró en la Compañía de Jesús en 1568. Pasó a Valencia y desde allí partió para el Brasil en la misma expedición que Esteban de Zudaire.
El 15 de julio de 1570 cuatro navíos y un galeón de piratas calvinistas, en Tazacorte, junto a las islas Canarias, abordaron la nave Santiago en la que navegaban los misioneros a las órdenes del padre Ignacio Azevedo. Todos fueron martirizados.

Septiembre

2 de septiembre: Beato Francisco Dardan, presbítero y compañeros, mártires

Francisco Dardan nació en 1733 en el pueblo de Isturitz (Baja Navarra). De los trabajos agrícolas en la casa paterna pasó al seminario de Larresore, en donde, ya presbítero, fue profesor durante diez años. Después se trasladó a París y allí permaneció veinte años ejerciendo su ministerio como confesor de los alumnos del colegio de Santa Bárbara, en donde dos siglos antes había residido san Francisco Javier. Al negarse a hacer el juramento cismático que imponía la Constitución del clero durante la Revolución Francesa, fue detenido en el convento de los carmelitas. Por ser fiel a Cristo y a su Iglesia sufrió el martirio el 2 de septiembre de 1792 junto con otros cerca de doscientos: obispos, presbíteros, religiosos y fieles, entre los cuales se encontraban cinco superiores del colegio navarro, fundado en el año 1304 en París por nuestra reina Juana I.

2 de septiembre: Dedicación de la iglesia catedral de Santa María de Tudela

En febrero de 1119, Alfonso I el Batallador, rey de los pamploneses y aragoneses, conquistó la ciudad de Tudela, que pasó así a formar parte de su monarquía. Tras ello, el edificio de la mezquita mayor fue transformado en la iglesia colegial de Santa María, bendecida el 14 de abril de 1121 por el obispo Miguel de Tarazona y consagrada en 1149, en presencia del rey pamplonés García Ramírez el Restaurador y su segunda esposa Urraca. Este primer templo fue sustituido por la que hoy es la catedral románica, cuyas obras comenzaron en el año 1168. La dedicación de la nueva iglesia tuvo lugar el 2 de septiembre de 1188, según indica el Breviario del Deanato de Tudela; fue consagrada en 1204 por el arzobispo de Tarragona Ramón de Rocabertí. Las obras terminaron poco después del 1263.
El cabildo siguió la regla de san Agustín y tuvo diez priores hasta su secularización en 1239. En este mismo año se nombró al primer deán don Pedro Jiménez. Más adelante, el papa Alejandro IV a petición del rey Teobaldo II de Navarra, en 1258, concedió a los deanes el uso de anillo y mitra.
Por dos veces consecutivas, en los siglos XIV y XV, se pretendió hacer de la iglesia de Santa María, catedral de Tudela, pero sin conseguirlo. Fue el 27 de marzo de 1783 cuando el papa Pío VI, al erigir la diócesis de Tudela, elevó el rango de esta iglesia colegial a iglesia catedral. La vida de esta catedral con obispo propio fue muy breve, hasta 1844. A partir de esa fecha, la diócesis de Tudela, fue regida por el obispo de Tarazona hasta 1955 y después por el arzobispo de Pamplona; siendo el obispo correspondiente administrador apostólico de Tudela. El 11 de agosto de 1984 el papa Juan Pablo II unió las diócesis de Pamplona y Tudela bajo el cayado de un mismo pastor que sería juntamente arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela.

22 de septiembre: Beatos Mártires Navarros

Celebramos en este día a todos los mártires navarros que murieron víctimas de la persecución religiosa acontecida en España en el año 1936. Aceptaron gozosos el martirio y rogaron por sus perseguidores. Hoy hacemos memoria de su gloriosa oblación que les ha llevado a los altares.
Los mártires beatificados pertenecen a seis congregaciones religiosas: Congregación de la Pasión de Jesucristo, Orden de San Juan de Dios, Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, Orden de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, Hermanos de las Escuelas Cristianas y Orden de la Visitación de Santa María.
Fueron veintiséis los Pasionistas que dieron su vida por Cristo en diversos lugares durante el año 1936. Entre ellos estaban los navarros Zacarías Fernández Crespo (de Cintruénigo), José Osés Sainz (de Peralta), José María Ruiz Martínez (de Puente la Reina), Félix Ugalde Irurzun (de Mendigorría), Benito Solana Ruiz (de Cintruénigo), Pablo María Leoz Portillo (de Leoz).
Setenta y un religiosos Hospitalarios de San Juan de Dios murieron también dentro de la persecución religiosa de ese año. Diez son hijos de Navarra: Braulio María Corres Díaz de Cerio (de Torralba del Río), Jerónimo Ochoa Urdangarín (de Goñi), Tomás Urdánoz Aldaz (de Echarri), Rafael Flamarique Salinas (de Mendívil), Manuel López Orbara (de Puente la Reina), Eutimio Aramendía García (de Oteiza de la Solana), Carmelo Gil Arano (de Tudela), Rufino Lasheras Aizcorbe (de Arandigoyen), Juan Bautista Egozcuezábal Aldaz (de Nuin), Pedro de Alcántara Villanueva Larráyoz (de Osinaga).
Los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María —claretianos— que entregaron ejemplarmente su vida por amor a Jesucristo en Barbastro, entre los días 2 y 18 de agosto de 1936, fueron cincuenta y uno. Los navarros son: Felipe de Jesús Munárriz Azcona (de Allo), Nicasio Sierra Úcar (de Cascante), Javier Luis Bandrés Jiménez (de Sangüesa), Juan Echarri Vique (de Olite), Teodoro Ruiz de Larrínaga (de Bargota), Manuel Martínez Jarauta (de Murchante), Faustino Pérez García (de Baríndano), Jesús Agustín Viela (de Oteiza de la Solana), Anastasio Vidaurreta Labra (de Adiós).
Trece religiosos Escolapios fueron martirizados en España durante la persecución religiosa. Entre ellos estaban el padre Faustino Oteiza Segura (de Ayegui) y el hermano David Carlos de Bergara Marañón (de Asarta).
Un grupo de siete Hermanos de las Escuelas Cristianas fueron martirizados en el colegio La Salle de Almería, en donde dedicaban su vida a la enseñanza. Uno de estos mártires es el navarro Justo Zariquiegui (hermano Amalio), natural de Salinas de Oro.
La hermana Maria Inés Zudaire Galdeano, natural de Echávarri (Valle de Allín) fue martirizada junto con otras seis compañeras religiosas salesas a finales del año 1936.

25 de septiembre: El martirio de san Fermín, obispo y mártir

28 de septiembre: Santos Domingo Ibáñez de Erquicia, Lorenzo Ruiz y compañeros

29 de septiembre: San Miguel Arcángel

Octubre

22 de octubre: Santas Nunilo y Alodia, vírgenes y mártires

Noviembre

5 de noviembre: Todos los Santos de Navarra

28 de noviembre: San Honesto de Nimes, presbítero

29 de noviembre: San Saturnino, obispo y mártir

Diciembre

3 de diciembre: San Francisco Javier, presbítero

6 de diciembre: San Nicolás