Día quinto

Día quinto: Testimoniar en el sufrimiento
“¿No tenía que sufrir el Mesías todo esto antes de ser glorificado?” (Lc 24,26)
Is 50, 5-9 Él es mi ayuda
Sal 124 Nuestro auxilio es el nombre del Señor
Rm 8, 35-39 El amor que Dios nos tiene en Cristo Jesús
Lc 24, 25-27 Les explicó cada uno de los pasajes que se referían a él mismo

Comentario

Durante los últimos años, dos acontecimientos ocurridos en Escocia han hecho que este pequeño país se haya convertido repentinamente en el centro de la atención de los medios de comunicación del mundo entero. El atentado aéreo sobre Lockerbie y la masacre de los niños en la escuela de Dunblane aportaron notoriedad a una nación que se acordará siempre de estas atroces pérdidas de vidas humanas. Los dos acontecimientos causaron sufrimientos y aflicciones increíbles a un gran número de personas, y sus consecuencias se sintieron más allá de los límites físicos de estas dos localidades. Inocentes encontraron la muerte en circunstancias espantosas.

La realidad del sufrimiento es algo de lo que habla con fuerza el profeta Isaías en el pasaje de hoy donde nos recuerda que Dios no renuncia nunca a ver la humanidad sufriente. En cambio, el salmo declara la necesaria confianza que guarda el creyente hacia su Salvador.

La Carta a los Romanos declara la certeza que el amor es todavía más fuerte, y que el dolor y el sufrimiento nunca prevalecerán ya que antes de ofrecer al mundo la resurrección, Cristo entró en una agonía atroz y en la oscura cavidad de la tumba para estar totalmente con nosotros hasta en nuestras peores miserias.

Tras el Señor, los cristianos en búsqueda de la plena unidad manifiestan su solidaridad hacia aquellos que se enfrentan en la existencia con situaciones trágicas de sufrimientos, confesando que el amor es más fuerte que la muerte. Y de la humillación extrema de la tumba, la resurrección llegó a ser como un nuevo sol para la humanidad; como un clamor anunciante de vida, de perdón y de inmortalidad.

Oración

Dios Padre nuestro, que ves con compasión nuestras situaciones de miseria, sufrimientos, pecado y muerte, te pedimos el perdón, la curación, la consolación y el apoyo en la prueba. Te damos gracias por los que llegan a percibir tu luz en su aflicción. Que tu Espíritu divino nos enseñe la inmensidad de tu compasión para volvernos solidarios en el dolor. Y que colmados de sus bendiciones, podamos en la unidad proclamar y compartir con el mundo la victoria de tu Hijo que vive para siempre.

Cuestiones para la reflexión

1. ¿Cómo se puede mostrar empatía hacia los que sufren y están en el dolor?

2. ¿Qué sabiduría y qué profundizaciones hemos adquirido a través del sufrimiento que hemos conocido en la propia vida?

3. ¿Cómo vivimos la solidaridad con el sufrimiento y la opresión de numerosas personas que conocen la pobreza en este mundo y qué experiencia tenemos?

4. ¿Cómo podemos darnos cuenta de la misericordia de Dios y de la esperanza que ponemos en la luz de la cruz de Cristo?