Textos de Mons. Francisco Pérez sobre el Sagrado Corazón de Jesús

1ª RENOVEMOS NUESTRA DEVOCIÓN AL CORAZÓN DE CRISTO
Reflexión dominical – 31 mayo 2009
Ante la proximidad del mes de junio, que está tradicionalmente dedicado al Corazón de Cristo, y como preparación al acto de Consagración que el próximo 21 de junio haremos los Obispos españoles, quiero ofreceros algunas reflexiones y comienzo haciendo mías las palabras que el año pasado nos dirigía a todos el Papa Benedicto XVI:
«Os invito a cada uno de vosotros a renovar en el mes de junio su propia devoción al Corazón de Cristo… símbolo de la fe cristiana, particularmente amado tanto por el pueblo como por los místicos y los teólogos, pues expresa de una manera sencilla y auténtica la “buena noticia” del amor, resumiendo en sí el misterio de la encarnación y de la Redención… Dios ha querido entrar en los límites de la historia y de la condición humana, ha tomado un cuerpo y un corazón, para que podamos contemplar y encontrar el infinito en el finito, el Misterio invisible e inefable en el Corazón humano de Jesús, el Nazareno».
Jesucristo, el Hijo de Dios, quiso hacerse hombre y amar con corazón de hombre, en ese Corazón de Cristo está resumido el Misterio del Amor de Dios, del que el hombre de hoy está tan necesitado. Jesús hoy como hace dos mil años nos dice: «Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré… aprended de mi que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga ligera». (Mt 11, 25 30). Él ha querido usar la imagen del corazón para expresar lo mucho que nos quiere. Todavía hoy este es el símbolo que se utiliza para expresar el amor, se sigue encontrando en árboles de nuestra Navarra: grabados a navaja un corazón atravesado por una flecha y con dos nombres. Jesucristo ha querido usar este mismo signo. Un corazón no grabado, sino de carne; en un árbol, el de la Cruz y traspasado, no por una flecha sino por una lanza. Y con un nombre, el tuyo, pues todos podemos decir con san Pablo: «Me amó y se entregó por mi» (Gal 2,20). Con esto el Señor nos dice que nos quiere y nos ama.
En los umbrales de los tiempos modernos, a finales del S. XVII, cuando el amor al Señor se enfría o se hace tibio, el Señor se aparece a Santa Margarita María de Alacoque, le muestra su Corazón y le dice: «He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada se ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor». Éste es el deseo del Señor, que nos percatemos de lo que nos quiere; y muchas veces no sucede así. En este sentido, Beata Madre Teresa de Calcuta decía en su testamento espiritual:
«Jesús quiere que os diga aún cuánto amor siente por cada uno de vosotros, más allá de todo lo que os podáis imaginar. Me inquieta el que algunos de vosotros no hayáis aún encontrado a Jesús cara a cara: vosotros y Jesús a solas. Ciertamente podemos pasar un tiempo en la capilla, ¿pero percibirlo en vosotros –con los ojos del alma- con qué amor él os mira? ¿En vosotros conocer verdaderamente al Jesús vivo, no desde los libros, sino por haberle dado hospedaje en vuestro corazón? ¿Habéis entendido sus palabras de amor? Pedid la gracia: él tiene el deseo ardiente de ofrecérosla. … Cómo podremos pasar nosotros un solo día sin escuchar decir a Jesús “yo te amo”… ¡Es imposible! Nuestra alma necesita esto, igual que nuestro cuerpo necesita respirar… El diablo intentará servirse de heridas de la vida, incluso de vuestras propias faltas, para persuadiros de que no es posible que Jesús os ame realmente. Atención: éste es un peligro para todos nosotros. Pero lo más triste es que eso es completamente contrario a lo que Jesús quiere y espera deciros. No solo que Él os ama, sino más: que Él os desea ardientemente. Vosotros le faltáis cuando no os acercáis a Él. Tiene sed de vosotros. Os ama permanentemente, incluso cuando vosotros no os sentís dignos de ello… Jesús os ama. Creed simplemente que vosotros sois preciosos para Él. Poned vuestros sufrimientos a sus pies y solamente abrid vuestro corazón para que Él os ame tal cual sois. Y Él hará el resto».
2ª LA REPARACIÓN. “EL AMOR NO ES AMADO”
Cuando uno se consagra al Corazón de Cristo, se une a Él por el amor, y entonces goza con lo que Él goza, y también sufre con lo que Él sufre. El amor, pues, lleva necesariamente a la reparación, lleva a compensar las ofensas al Amor. Refiere Santa Margarita María que cuando Jesús le mostró su Corazón “rodeado de una corona de espinas significando las punzadas producidas por nuestros pecados y una cruz en su parte superior…,entonces me explicó las maravillas de su puro amor, y hasta qué exceso había llegado su amor para con los hombres, de quienes no recibía sino ingratitudes”.
Para poder reparar es necesario estar unido por el amor. Por eso Juan Pablo II decía en Paray-le-Monial, lugar de las revelaciones a Santa Margarita: “La Reparación es que los pecadores vuelvan al Señor tocados por su amor y vivan en adelante con más amor en compensación por su pecado”. Desde ese momento se participa también en su dolor, por eso un santo Domingo de Guzmán y un san Francisco de Asís lloraban noches enteras repitiendo: “¡El amor no es amado!”.
El espíritu de Reparación y los actos de reparación son desde luego muy diversos en la vida del fiel cristiano.
En primer lugar conlleva el evitar todo lo que desagrada al Corazón de Jesús. Consiste en desear sinceramente no ofenderle jamás, y para ello es necesaria la Gracia del sacramento de la Penitencia.
También consiste en unir nuestros sufrimientos a los del Corazón de Jesús, para acompañarle y consolarle aceptando las penas con paciencia y con amor. Es lo que explica el Papa Benedicto XVI cuando dice: “poder ofrecer las pequeñas dificultades cotidianas, que nos aquejan una y otra vez como punzadas más o menos molestas, dándoles así un sentido…incluir sus pequeñas dificultades en el gran com-padecer de Cristo, que así entraban a formar parte de algún modo del tesoro de compasión que necesita el género humano” (Encíclica, Spe Salvi, nº 40).
Refiere al respecto la Madre Teresa de Calcuta casos preciosos: “un muchacho pobre, en Kalighat, que sufría horriblemente, en los últimos momentos de su vida dijo que le daba pena morir porque acababa de aprender a sufrir por amor a Dios”… “Cuando veo sufrir a mi gente me siento impotente y me resulta difícil decirles que Dios los ama, pero siempre vinculo esto con el símbolo de la presencia de Jesús en la cruz que los ha besado. Recuerdo haber dicho esto a una mujer que, rodeada por sus hijos aún pequeños, se moría de cáncer. Yo no sabía si sufría más por tener que dejar a sus hijos o por la agonía de su cuerpo, y le dije: Jesús en la cruz se le ha acercado tanto que comparte su pasión con usted y la quiere besar. Al oír esto juntó las manos y dijo: Madre, dígale a Jesús que no deje de besarme. Había entendido esto muy bien”.
Y también es reparación ofrecer con tal espíritu penitencias, limosnas, oraciones, y sobre todo la Santa Misa y la Comunión; y también lo es el Trabajar por disminuir las ofensas inferidas a este Corazón, dándolo a conocer, trayéndole nuevos amigos. Consuelo para el Señor ha de ser que esta reparación la realice el mundo entero. Como decía Juan Pablo II: “Junto al Corazón de Cristo, el corazón humano aprende a conocer el sentido verdadero y único de su vida y de su destino, a comprender el valor de una vida auténticamente cristiana, a evitar ciertas perversiones del corazón humano, a unir el amor filial hacia Dios con el amor al prójimo. Así -y ésta es la verdadera reparación pedida por el Corazón del Salvador- sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, se podrá construir la tan deseada civilización del amor, el reino del Corazón de Cristo”. Se entiende así pues que, de manera muy especial, el consagrarse con sinceridad al Corazón de Cristo es verdaderamente expresión de reparación.
3ª El SACERDOCIO ES EL AMOR DEL CORAZÓN DE CRISTO
El Papa Benedicto XVI el día 19 de este mes de junio abrió en Roma el año dedicado al sacerdocio. Nos comunica en la carta que ha dirigido a todos los sacerdotes que ha decidido convocar oficialmente un Año Sacerdotal con ocasión del 150 aniversario del nacimiento de San Juan María Vianney, el Santo Patrón de todos los párrocos del mundo, que comenzará el viernes 19 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús -jornada tradicionalmente dedicada a la oración por la santificación del clero-. Con este año se desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en la sociedad actual sea más intenso e incisivo. «El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús», repetía con frecuencia el Santo Cura de Ars.
Esta conmovedora expresión nos da pie para reconocer con devoción y admiración el inmenso don que suponen los sacerdotes, no sólo para la Iglesia, sino también para la humanidad misma. El Papa tiene presente a todos los presbíteros que con humildad repiten cada día las palabras y gestos de Cristo a los fieles cristianos y a la sociedad entera, identificándose con sus pensamientos, deseos y sentimientos, así como con su estilo de vida. ¿Cómo no destacar sus esfuerzos apostólicos, su servicio infatigable y oculto, su caridad que no excluye a nadie? Y ¿qué decir de la fidelidad entusiasta de tantos sacerdotes que, a pesar de las dificultades e incomprensiones, perseveran en su vocación de «amigos de Cristo», llamados personalmente, elegidos y enviados por Él?
Creo que ha sido un gran acierto por parte del Papa Benedicto XVI que este año recemos y oremos por los sacerdotes. Son en medio de la sociedad un signo de gran esperanza y al mismo tiempo, gracias al sacerdocio ministerial, se siguen haciendo presentes los sacramentos que santifican al Pueblo de Dios. En nuestra Diócesis de Pamplona-Tudela comenzaremos, este Año Sacerdotal, el día 28 de junio y con la gran alegría de festejarlo en la Catedral de Pamplona donde tres seminaristas-diáconos serán ordenados, por mi imposición de manos, como sacerdotes. Si queremos que en nuestra sociedad crezcan los auténticos valores que nacen del evangelio hemos de rogar insistentemente que haya santos sacerdotes. El Concilio Vaticano II nos invitó a todos a buscar los caminos de la santidad que es la perfección en la caridad. La sociedad tiene hambre de amor y la santidad es la perfección en el amor.
También ha de ser un año en el que muchos jóvenes descubran la belleza de la vocación al sacerdocio. De ahí que los sacerdotes hemos seguir mostrando el rostro de Jesucristo a tantos que aún no lo conocen. El sacerdote continúa haciendo presente en la historia que Jesucristo sigue vivo y sigue presente entre nosotros. De ahí que dijera el santo Cura de Ars: «Dejad una parroquia muchos años sin sacerdote y adorarán a las bestias». La labor del sacerdote tiene una gran repercusión social. Hoy nos vemos envueltos por el materialismo y el hedonismo por eso más se requiere un ambiente de profunda vida espiritual para que el género humano descubra la vocación a la que está convocado y se conduzca por caminos de auténtica dignificación humana. Deseamos que sea un año fructífero y así se lo pedimos al único que es Sacerdote, nuestro Señor Jesucristo.
4ª CONSAGRARSE ES HACER DE NOSOTROS MISMOS UN DON DE AMOR SIN RESERVAS
El día 27 de diciembre celebramos la fiesta de la Sagrada Familia y en este año sacerdotal tiene una significación especial; de ahí que el Papa nos haya invitado a detenernos para contemplar juntos el Corazón traspasado del Crucificado puesto que “en el Corazón de Jesús se expresa el núcleo esencial del cristianismo”.
Este es mi deseo también para este año en nuestra Diócesis de Pamplona-Tudela. Os invito a todos especialmente en este año a poner la mirada en el costado traspasado de Cristo. Pues estoy convencido de que solo así lograremos lo que nos pide el Papa: “salir de nosotros mismos y abandonar nuestras seguridades humanas para fiarnos de Él y, siguiendo su ejemplo, hacer de nosotros mismos un don de amor sin reservas”. Don de amor a Jesucristo presente y vivo en la Eucaristía, y de amor a Jesucristo escondido en los necesitados, ya que también “contemplar «al que traspasaron» nos llevará a abrir el corazón a los demás, reconociendo las heridas infligidas a la dignidad del ser humano; y nos llevará, en especial, a luchar contra toda forma de desprecio de la vida y de explotación de la persona, y a aliviar los dramas de la soledad y del abandono de muchas personas”. (Benedicto XVI).
Para ayudar a centrar esta mirada deseo que nuestra Diócesis de Pamplona-Tudela, toda Navarra, se consagre al Corazón de Jesús el 19 y 20 de Junio de 2010. Consagrarse es ese “hacer de nosotros mismos un don de amor sin reservas”. “Su Corazón divino llama a nuestro corazón y nos invita” a vivir en entrega y servicio permanente.
Como signo y fruto de este amor que el Señor nos pide, deseo erigir un monumento al Corazón de Jesús para la veneración de todos y deseo también fundar una casa de acogida que salga en ayuda de la mujer gestante y para favorecer la cultura de la vida. Os ruego que colaboréis con estos proyectos.
Para preparar ese solemne acto de Consagración deseo también que se realicen momentos oracionales de consagración previas en los distintos ámbitos: los niños, los jóvenes, los mayores, los seglares, los consagrados, los sacerdotes… y comenzaremos por consagrar las familias al Corazón de Jesús el próximo 27 de este mes de diciembre, en el domingo de la Sagrada Familia, que se realizará en la Catedral y en las Parroquias. Que cada uno de nosotros con la oración y con espíritu abierto en la caridad se disponga generosamente a todo esto de lo que espero muchas bendiciones para nuestra tierra de Navarra.
La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Una sociedad sin el vivir y gozar de la familia es una sociedad que se derrumba y cae por el precipicio de la desesperanza, de la desilusión y de la fragmentación. La familia es lo más hermoso que existe, de ahí que pidamos con insistencia al Corazón de Jesús para que cuide de los matrimonios y de las familias a fin de que el designio amoroso de Dios progrese y llegue a su plenitud.
+ Francisco Pérez González
Arzobispo Pamplona-Tudela