Semana de oración por la unidad de los cristianos (18-25 enero)

Introducción al tema del Octavario

El octavario

Edimburgo 2010

Texto bíblico: Juan, 24

Día 1º

Día 2º

Día 3º

Día 4º

Día 5º

Día 6º

Día 7º

Día 8º

Celebración ecuménica

Introducción al tema del Octavario 2010

Durante el siglo pasado, la reconciliación de los cristianos ha tomado formas muy diversas. El ecumenismo espiritual manifestó la importancia de la oración por la unidad cristiana. La investigación teológica movilizó muchas energías y permitió descubrir numerosos acuerdos doctrinales. La cooperación práctica de las Iglesias en el campo social suscitó fecundas iniciativas. Además de estas realizaciones importantes, la cuestión de la misión ocupó un lugar particular. Se considera generalmente que la Conferencia misionera que tuvo lugar en Edimburgo en 1910 señala los principios del movimiento ecuménico moderno.

Misión y unidad

De suyo no todos asocian el planteamiento misionero y la preocupación de la unidad de los cristianos. ¿Y con todo no van juntos el compromiso misionero de la Iglesia y su compromiso ecuménico? Por nuestro bautismo, ya formamos un único cuerpo y estamos llamados a vivir en comunión. Dios nos ha hecho hermanos y hermanas en Jesucristo. ¿No es éste el testimonio fundamental que debemos presentar?

Históricamente, la cuestión de la unidad de los cristianos se ha planteado a los misioneros por razones prácticas. Se trataba simplemente de evitar una competencia inútil, mientras que las necesidades humanas y materiales eran inmensas. Se distribuían entonces los territorios a evangelizar. A veces se pretendía superar asuntos yuxtapuestos o paralelos para favorecer algunas obras comunes. Los misioneros de diferentes Iglesias podían, por ejemplo, combinar sus esfuerzos para realizar nuevas traducciones de la Biblia y esta cooperación al servicio de la Palabra de Dios no podía suscitar una reflexión sobre la división de los cristianos.

Sin negar las rivalidades entre misioneros enviados por diferentes Iglesias, hay que reconocer que los que estuvieron en la avanzadilla de la misión fueron quizá los primeros en tomar conciencia de la tragedia que representaba la división de los cristianos. Si en Europa eran habituales las separaciones eclesiales, el escándalo de la desunión aparecía de manera obvia a los misioneros encargados de anunciar el evangelio en poblaciones que no conocían nada de Cristo. Ciertas rupturas eclesiales que habían señalado la historia del cristianismo no estaban sin fundamento teológico. Pero también se caracterizaban por el contexto (histórico, político, intelectual…) que las habían hecho nacer. Por lo tanto, ¿podía permitirse exportar estas divisiones a los pueblos que desconocen a Cristo?

En la frescura de los comienzos, las nuevas Iglesias locales no podían ser tachadas por el desfase entre el mensaje de amor que querían vivir, y la separación efectiva de los discípulos de Cristo. ¿Cómo hacer comprender la reconciliación ofrecida en Jesucristo si los mismos bautizados podían ignorarse o combatirse? ¿Cómo los grupos cristianos que viven en la hostilidad mutua pueden -de manera creíble- predicar a un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo?

Estas cuestiones ecuménicas no podían faltar en los participantes de la Conferencia de Edimburgo en 1910.

La Conferencia misionera de Edimburgo en 1910

Durante el verano de 1910 se reunieron en la capital escocesa los delegados oficiales de las sociedades misioneras protestantes de las distintas ramas del protestantismo, y del anglicanismo, a las que se unía un invitado ortodoxo. No teniendo capacidad de decisión alguna, la Conferencia no tenía otro objetivo que el ayudar a los misioneros a forjarse en un espíritu común y a coordinar sus actividades.

Sólo estaban presentes las sociedades misioneras que trabajaban en la predicación del evangelio en los nuevos territorios donde Cristo no había sido anunciado. No se habían invitado a las sociedades que trabajaban en América Latina o en Oriente Próximo donde estaban implantadas desde hacía tiempo la Iglesia católica o las Iglesias de Oriente.

En 1910, el paisaje eclesial en Escocia comienza a diversificarse, y la Iglesia católica y la Iglesia episcopal gozaban nuevamente de un puesto más importante. Debido a su vitalidad intelectual y cultural, fue escogido Edimburgo como lugar de este encuentro. La fama de sus teólogos y de sus responsables de las Iglesias también favorecía esta elección. Por otro lado, las Iglesias protestantes escocesas eran particularmente activas en la misión, y eran famosas por la atención llevada en las culturas locales.

Las Iglesias cristianas en Escocia hoy

Para hacer memoria de este importante paso en la historia del movimiento ecuménico, pareció natural a los promotores de la Semana de oración por la unidad cristiana -la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Consejo Pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos- confiar la preparación de esta Semana 2010 a las Iglesias cristianas de Escocia, porque activamente se disponen a celebrar el centenario de la Conferencia de 1910 sobre el tema: “Testimoniar a Cristo hoy”. De hecho, estas Iglesias propusieron como tema de la Semana de la unidad: “Vosotros sois testigos de todas estas cosas” (Lc 24, 48).

El tema bíblico

Los protagonistas del movimiento ecuménico han meditado a menudo el discurso de Jesús antes de su muerte. Este último testamento destaca la importancia de la unidad de los discípulos de Cristo para la misión: “Que todos sean uno… para que el mundo crea” (Jn17, 21).

De manera original, las Iglesias de Escocia han querido este año hacernos comprender el último discurso de Cristo resucitado antes de su Ascensión, que termina con estas palabras: “Estaba escrito que el Mesías tenía que morir y que resucitaría al tercer día; y también que en su nombre se ha de proclamar a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén, un mensaje de conversión y de perdón de los pecados. Vosotros sois testigos de todas estas cosas” (Lc 24, 46-48). Son, pues, las últimas palabras de Cristo que meditaremos.

Estamos invitados a recorrer a lo largo de la Semana de oración por la unidad cristiana 2010 todo el conjunto del capítulo 24 del Evangelio de Lucas. Las mujeres asustadas junto a la tumba, los dos discípulos desalentados camino de Emaús, o también los once apóstoles que han vivido el temor y la duda, todos los que se encuentran con Cristo resucitado son enviados en misión: “Vosotros sois testigos de todas estas cosas”. Esta misión eclesial confiada por Cristo no se la pueda apropiar nadie. Es la comunidad de los que han sido reconciliados con Dios, y Dios puede testimoniar la verdad del poder salvador ofrecido en Jesucristo.

Se deduce que la manera de testimoniar de María Magdalena, de Pedro o de los dos discípulos de Emaús no será idéntica. Y por eso, es la victoria de Jesús sobre la muerte en la que todos sitúan el centro de su testimonio. En lo que tiene de único para cada uno de ellos, el encuentro personal con el Resucitado cambió radicalmente su vida y una misma evidencia se impone para ellos: por todo eso, debemos ser testigos. Su relato tendrá acentos diferentes, y a veces las disensiones mismas pueden nacer entre ellos, lo que requiere la fidelidad a Cristo, y por ello todos trabajarán por el anuncio de la Buena Noticia.

El octavario

Durante la Semana de la oración por la unidad cristiana 2010, vamos a meditar día a día el capítulo 24 del Evangelio de Lucas, deteniéndonos en las cuestiones que se plantean: preguntas de Jesús a sus discípulos, y preguntas de los apóstoles a Cristo.

Cada una de estas preguntas permite, en efecto, destacar de manera específica el testimonio del Resucitado. Para cada una de ellas, estamos invitados a reflexionar sobre nuestra situación de divisiones eclesiales y los remedios que, concretamente, podemos aportar. Testigos ya lo somos, y debemos ser siempre mejores. ¿Cómo?

— celebrando al que nos ofrece el don de la vida y de la resurrección (primer día);

— sabiendo compartir con los otros la historia de nuestra fe (segundo día);

— tomando conciencia de que Dios está trabajando en nuestras vidas (tercero día);

— agradeciendo la herencia de la fe recibida (cuarto día);

— confesando a Cristo como vencedor de todo sufrimiento (cada día);

— pretendiendo ser siempre más fieles a la Palabra de Dios (sexto día);

— creciendo en la fe, en la esperanza y en la caridad (séptimo día);

— ofreciendo la hospitalidad, y sabiendo acogerla cuando se nos ofrece (octavo día).

En cada uno de estos ocho aspectos, nuestro testimonio ¿no sería más fiel al evangelio de Cristo si lo hacemos juntos?

Edimburgo 2010

En junio de 2010 se celebrará en Edimburgo el centenario de la Conferencia misionera que se había desarrollado en esta ciudad hace un siglo (www.edinburgh2010.org). Los organizadores han deseado que este acontecimiento sea un tiempo de acción de gracias por todos los progresos que Dios permitió en la misión. Dedican también un lugar importante a la oración para confiar a Cristo el testimonio que las Iglesias tendrán que dar juntas durante el siglo XXI.

Este acontecimiento también debe permitir a los que trabajan desde hace tiempo en el campo misionero y a los representantes de hechos más recientes intercambiar sus perspectivas. Será también ocasión de intercambiar sus prácticas misioneras a los miembros de distintas tradiciones eclesiales.

El mundo ha cambiado mucho desde 1910 y la misión debe ser objeto de reflexión con nuevos ojos. Secularización y descristianización, nuevos medios de comunicación, relaciones interconfesionales, diálogo interreligioso… son numerosas cuestiones que deben discutirse. Si todos se ponen de acuerdo sobre la necesidad para los discípulos de Cristo de dar testimonio, es difícil lograr una comprensión común de lo que debe ser hoy la misión. En el interior de las Iglesias, los debates no faltan. ¿No ganarían si fueran llevados conjuntamente por todas las Iglesias?

1910… 2010: un mismo sentimiento de urgencia vive en el corazón de los cristianos: el evangelio no es un lujo en nuestra humanidad herida por las divisiones; el evangelio no puede ser anunciado por voces discordantes.

Con Cristo, los que vivían en el odio pueden encontrar un camino de reconciliación. Con Cristo, los que estaban separados pueden encontrar la alegría de vivir como hermanos…. vosotros sois testigos de todas estas cosas.

Texto bíblico

Lc 24

El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Al llegar, se encontraron con que la piedra que cerraba el sepulcro había sido removida. Entraron, pero no encontraron el cuerpo de Jesús, el Señor. Estaban aún desconcertadas ante el caso, cuando se les presentaron dos hombres vestidos con ropas resplandecientes que, al ver cómo las mujeres se postraban rostro en tierra llenas de miedo, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ha resucitado. Recordad que él os habló de esto cuando aún estaba en Galilea. Ya os dijo entonces que el Hijo del hombre tenía que ser entregado en manos de pecadores y que iban a crucificarlo, pero que resucitaría al tercer día.

Ellas recordaron, en efecto, las palabras de Jesús y, regresando del sepulcro, llevaron la noticia a los Once y a todos los demás. Así pues, fueron María Magdalena, Juana, María la madre de Santiago, y las otras que estaban con ellas, quienes comunicaron a los apóstoles lo que había pasado. Pero a los apóstoles les pareció todo esto una locura y no las creyeron.

Pedro, sin embargo, se decidió, y echó a correr hacia el sepulcro. Al inclinarse a mirar, sólo vio los lienzos; así que regresó a casa lleno de asombro por lo que había sucedido.

Ese mismo día, dos de los discípulos se dirigían a una aldea llamada Emaús, distante unos once kilómetros de Jerusalén. Mientras iban hablando de los recientes acontecimientos, conversando y discutiendo entre ellos, Jesús mismo se les acercó y se puso a caminar a su lado. Pero tenían los ojos tan ofuscados, que no lo reconocieron. Entonces Jesús les preguntó: ¿Qué es eso que discutís mientras vais de camino? Se detuvieron con el semblante ensombrecido, y uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: Seguramente tú eres el único en toda Jerusalén que no se ha enterado de lo que ha pasado allí estos días. Él preguntó: ¿Pues qué ha pasado? Le dijeron: Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta poderoso en hechos y palabras delante de Dios y de todo el pueblo. Los jefes de nuestros sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran. Nosotros teníamos la esperanza de que él iba a ser el libertador de Israel, pero ya han pasado tres días desde que sucedió todo esto. Verdad es que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro y, al no encontrar su cuerpo, volvieron diciendo que también se les habían aparecido unos ángeles y les habían dicho que él está vivo. Algunos de los nuestros acudieron después al sepulcro y lo encontraron todo tal y como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron.

Jesús, entonces, les dijo: ¡Qué lentos sois para comprender y cuánto os cuesta creer lo dicho por los profetas! ¿No tenía que sufrir el Mesías todo esto antes de ser glorificado? Y, empezando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó cada uno de los pasajes de las Escrituras que se referían a él mismo. Cuando llegaron a la aldea adonde se dirigían, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le dijeron, insistiendo mucho: Quédate con nosotros, porque atardece ya y la noche se echa encima. Él entró y se quedó con ellos. Luego, cuando se sentaron juntos a la mesa, Jesús tomó el pan, dio gracias a Dios, lo partió y se lo dio. En aquel momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron; pero él desapareció de su vista.

Entonces se dijeron el uno al otro: ¿No nos ardía ya el corazón cuando conversábamos con él por el camino y nos explicaba las Escrituras? En el mismo instante emprendieron el camino de regreso a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y a todos los demás, que les dijeron: Es cierto que el Señor ha resucitado y que se ha aparecido a Simón. Ellos, por su parte, contaron también lo que les había sucedido en el camino y cómo habían reconocido a Jesús cuando partía el pan.

Todavía estaban hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y les dijo: ¡La paz sea con vosotros! Sorprendidos y muy asustados, creían estar viendo un fantasma. Pero Jesús les dijo: ¿Por qué os asustáis y por qué dudáis tanto en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo. Tocadme y miradme. Los fantasmas no tienen carne ni huesos, como veis que yo tengo.

Al decir esto, les mostró las manos y los pies. Pero, aunque estaban llenos de alegría, no se lo acababan de creer a causa del asombro. Así que Jesús les preguntó: ¿Tenéis aquí algo que comer? Le ofrecieron un trozo de pescado asado, que él tomó y comió en presencia de todos. Luego les dijo: Cuando aún estaba con vosotros, ya os advertí que tenía que cumplirse todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los libros de los profetas y en los salmos.

Entonces abrió su mente para que comprendieran el sentido de las Escrituras. Y añadió: Estaba escrito que el Mesías tenía que morir y que resucitaría al tercer día; y también que en su nombre se ha de proclamar a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén, un mensaje de conversión y de perdón de los pecados. Vosotros sois testigos de todas estas cosas. Mirad, yo voy a enviaros el don prometido por mi Padre. Quedaos aquí, en Jerusalén, hasta que recibáis la fuerza que viene de Dios.

Más tarde, Jesús los llevó fuera de la ciudad, hasta las cercanías de Betania. Allí, levantando las manos, los bendijo. Y, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, después de adorarlo, regresaron a Jerusalén llenos de alegría. Y estaban constantemente en el Templo bendiciendo a Dios.

(BTI, Biblia Traducción Interconfesional)

Textos bíblicos, meditaciones y oraciones
para el Octavario

Día primero: Testimoniar celebrando la vida
¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? (Lc 24,5)
Gn 1, 1.26-31 Dios vio todo lo que había hecho, y todo era muy bueno
Sal 104, 1-24 Qué abundantes son tus obras, Señor
1 Co 15, 12-20 Si los muertos no han de resucitar, es que tampoco Cristo ha resucitado
Lc 24, 1-5 Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

Comentario

Nuestro camino hacia la unidad de los cristianos se arraiga firmemente en nuestra fe común en la resurrección de Jesucristo; celebramos no sólo la vida que Dios nos dio sino también la nueva vida que nos ofrece de una vez por todas por la victoria de Jesús sobre la muerte. Al reunirnos en esta Semana de oración para la unidad de los cristianos, damos testimonio de nuestra fe común manifestando nuestra preocupación por toda la vida humana. La vida es el don que Dios nos hizo y la conservamos y la celebramos, y especialmente damos testimonio de que Él, en su amor benévolo, nos dio la vida.

La lectura del libro del Génesis nos recuerda el poder y la energía creadora de Dios. Es el poder y la energía que San Pablo descubre cuando experimenta la resurrección de Jesús. Exhorta a los habitantes de Corinto a colocar toda su confianza en el Señor resucitado y en la nueva vida que nos ofrece.

El salmo prosigue sobre el mismo tema declarando la gloria de la creación divina.

El pasaje del evangelio de este día nos exhorta a buscar la nueva vida frente a la cultura mortífera que a menudo el mundo nos propone. Nos da ánimo para tener confianza en el poder de Jesús y, así, experimentar la vida y la curación.

Hoy damos gracias a Dios por su testimonio de amor para con nosotros: por el conjunto de la creación, por nuestros hermanos y hermanas del mundo entero, por la comunión en el amor, por el perdón y la curación, y por la vida eterna.

Oración

Señor, Tú que eres nuestro creador, te alabamos por todos los que dan testimonio de su fe con sus palabras y acciones. Viviendo plenamente nuestra vida, sentimos tu presencia amorosa en las numerosas experiencias que nos das de conocer. Haz que estemos unidos en nuestro testimonio común cuando celebramos la vida, tú que nos bendices, tú que eres el autor de toda la vida.

Cuestiones para la reflexión

l. ¿En qué medida el propio testimonio y el de su Iglesia celebran la vida?

2. ¿Su testimonio puede conducir a otras personas a comprender que Cristo ha resucitado de entre los muertos?

3. En su vida, ¿qué ámbitos se consideran como esferas de crecimiento personal?

4. ¿Existen cosas del pasado en las cuales las Iglesias se enganchan y de las cuales una nueva conciencia ecuménica nos invita a desprendernos?

Día segundo: Dar testimonio compartiendo nuestras experiencias
¿Qué es eso que discutís mientras vais de camino? (Lc 24,17)
Jr 1, 4-8 Irás a todos los sitios adonde yo te envíe
Sal 98 (97) Cantad al Señor un cántico nuevo
Hch 14, 21-23 Animándolos a permanecer firmes en la fe
Lc 24, 13-17a ¿Qué es eso que discutís mientras vais de camino?

Comentario

Compartir nuestras experiencias personales es una manera poderosa de dar testimonio de nuestra fe en Dios. Escucharnos mutuamente con respeto y con atención nos permite encontrar a Dios en la misma persona con la cual tenemos este intercambio.

La lectura de Jeremías nos ofrece un testimonio que señala la llamada de Dios al profeta. Debe compartir lo que ha recibido para que así los hombres entiendan la Palabra de Dios y fundamenten en ella sus existencias.

Los discípulos de la Iglesia primitiva recibieron también esta llamada a proclamar la Palabra de Dios, como da testimonio la lectura de los Hechos de los Apóstoles.

El Salmo nos invita elevar a Dios un canto de alabanza y acción de gracias.

El Evangelio de este día nos presenta una imagen de Jesús sanando nuestra ceguera y disipando nuestras decepciones. Nos ayuda a situar nuestras experiencias en el desarrollo del único plan de Dios.

Durante esta Semana de oración por la unidad de los cristianos escuchamos a otros cristianos hablar de su fe con el fin de encontrar a Dios en todas las múltiples maneras en que se nos revela. Somos también conscientes de que nuestro acercamiento a otros puede hacerse gracias a la realidad virtual de la tecnología. Los medios modernos de comunicación pueden ayudarnos a compartir más ampliamente nuestra experiencia, y a crear así una comunidad que se revela más amplia y más ancha que la realidad puramente física.

Una escucha atenta nos hace crecer en la fe y en el amor. A pesar de la diversidad de nuestro testimonio personal y colectivo, descubrimos que estamos vinculados unos a los otros en una misma historia, la del amor de Dios que se nos reveló en Jesucristo.

Oración

Señor de la historia, te damos gracias por todos los que nos hablaron de su fe y dieron testimonio así de tu presencia en sus vidas. Te alabamos por la riqueza de nuestra vida tanto como individuos como Iglesias. En estos relatos, percibimos el despliegue de una sola y misma historia, la de Jesucristo. Danos el valor y la fuerza de hablar de nuestra fe a los que encontramos para que todos conozcan el mensaje de tu Palabra.

Cuestiones para la reflexión

1. ¿Se habla del Evangelio o se discute simplemente de cosas y de otros?

2. ¿Estamos abiertos, nosotros o nuestra Iglesia, para interesarnos por los demás?

3. ¿Estamos abiertos para hablar de la fe a otras personas y dar testimonio de la presencia de Dios en su experiencia personal con relación a la vida y a la muerte?

4. ¿Tenemos conciencia del potencial enorme y positivo que los medios modernos de comunicación pueden ofrecer a la Iglesia hoy?

Día tercero: Dar testimonio con atención
“Seguramente tú eres el único en toda Jerusalén que no se ha enterado de lo que ha pasado allí estos días” (Lc 24,18)
1 Sm 3, 1-10 Habla, Señor, que tu servidor escucha
Sal 23 (22) El Señor es mi pastor
Hch 8, 26-40 Felipe anunciando la buena noticia de Jesús
Lc 24, 13-19a Sus ojos ofuscados empiezan a reconocerlo

Comentario

Crecer en la fe es un planteamiento complejo. Muchas personas tienen hoy una vida muy llena y deben hacer frente a numerosas obligaciones y responsabilidades. Es fácil no percibir el amor de Dios que se nos revela en nuestra vida diaria y en nuestras distintas experiencias. Si nos dejamos solicitar por todo y sumergirnos en nuestras actividades, corremos el riesgo de no ver lo que realmente está bajo nuestros ojos. Como los dos discípulos del Evangelio, tenemos una opinión parcial sobre la verdad, y pensamos a veces conocer la realidad e intentamos explicar nuestra visión de las cosas a los otros. En el mundo de hoy, estamos invitados a percibir la presencia de Dios en todos los acontecimientos sorprendentes o improbables de nuestra vida.

La lectura del Antiguo Testamento de este día nos hace entender cómo Dios llama e invita a Samuel a dar testimonio. Pero Samuel debe sobre todo oír su Palabra. Eso presupone disponibilidad y voluntad de ponerse a la escucha de Dios.

Con la lectura de los Hechos, encontramos este deseo de escucha de la Palabra de Dios en Felipe y en el eunuco etíope. Dan testimonio de su fe respondiendo a lo que se les pide en ese momento preciso. Escuchan atentamente y responden en consecuencia.

El salmo del Buen Pastor refleja la confianza tranquila del que tiene conciencia de la solicitud de Dios que reúne a su rebaño y conduce a sus ovejas a verdes praderas.

Durante esta Semana de oración por la unidad de los cristianos intentamos tomar conciencia que Dios está presente en todos los acontecimientos y experiencias diarias. Nos encontramos con personas que nos son familiares y otras que son extrañas. Durante estos intercambios, conocemos algo de la experiencia espiritual de los otros y nuestra visión de la realidad de Dios se encuentra renovada. Esta conciencia de la presencia de Dios nos anima a trabajar en favor de la unidad de los cristianos.

Oración

Señor, Buen Pastor, que vienes a nuestro encuentro y nos acompañas cada día de nuestra vida. Concédenos la gracia de ser conscientes de todo lo que haces por nosotros. Te pedimos que nos ayudes a abrirnos a todo lo que nos ofreces y de reunirnos en un solo rebaño.

Cuestiones para la reflexión

1. ¿Cuándo tomamos conciencia de la presencia de Dios en nuestra vida?

2. ¿Tenemos conciencia de los grandes momentos de alegría y de las tragedias que ocurren en el mundo y, a vuestro modo de ver, con qué acción común las Iglesias podrían responder?

3. ¿Para dar testimonio de la fe, parece suficiente estar atentos, o se podrían hacer otras cosas?

4. ¿Cómo se consigue percibir que Dios está en la realidad cuando su presencia no responde a nuestra espera?

Día cuarto: Dar testimonio celebrando la herencia de la fe
“¿Pues qué ha pasado? Le dijeron: Lo de Jesús de Nazaret” (Lc 24,19)
Dt 6, 3-9 El Señor Dios es el único Señor
Sal 34 Bendigo al Señor en todo momento
Hch 4, 32-35 Un mismo sentir y pensar
Lc 24, 17-21 Nosotros teníamos la esperanza…

Comentario

Todos tenemos una enorme deuda de gratitud hacia los que nos ha dado una base para nuestras vidas cristianas. Son numerosos los hombres y mujeres que, por sus oraciones, su testimonio y sus celebraciones, supieron transmitir la fe a las generaciones siguientes. En Escocia, nos beneficiamos de una maravillosa herencia cristiana. Tenemos a san Ninian en el siglo IV, san Columbano en el siglo VI, y los numerosos santos célticos cuya fe se arraigaba en el amor de Dios y en la admiración de su Creación. La fe de los escoceses debe también verse en el papel importante desempeñado en la difusión de la Reforma del siglo XVI y en el modo en el cual este espíritu se mantuvo firmemente después.

Las lecturas de este día afirman la importancia del apoyo de la comunidad de fe para garantizar la difusión de la Palabra de Dios. El pasaje del Deuteronomio nos ofrece la bella oración de nuestros hermanos y hermanas judíos que alababan a Dios diariamente con estas palabras. El salmo nos propone dar testimonio de nuestra herencia de creyentes en la alabanza, para que nuestra fe se manifieste en la glorificación y la acción de gracias. El pasaje de los Hechos revela una comunidad unida en la fe y la caridad. El pasaje del Evangelio nos presenta a Jesús de Nazaret como el centro de la herencia de nuestra fe.

Uniéndonos a nuestros hermanos y hermanas cristianos en la oración por la unidad durante esta semana, acogemos la rica variedad y la diversidad de nuestra herencia cristiana. Y pedimos que la conciencia de nuestra herencia común nos una más estrechamente progresando en la fe.

Oración

Señor Dios nuestro, te damos gracias por todas las personas y comunidades que nos han transmitido el mensaje de la Buena Noticia y así nos han dado una base sólida para nuestra fe. Te pedimos que también demos juntos testimonio de nuestra fe, con el fin de fomentar que otros te conozcan y pongan su confianza en la verdad de la salvación ofrecida por Jesucristo para la vida del mundo.

Cuestiones para la reflexión

l. ¿Quiénes son los que nos han inspirado en la fe?

2. ¿Cuáles son los aspectos de fe que inspiran nuestra vida diaria?

3. ¿Qué principales enseñanzas consideramos que se nos transmitieron?

4. ¿Cómo podemos reconocer que Dios está trabajando con nosotros en la transmisión de la fe a las generaciones futuras?

Día quinto: Testimoniar en el sufrimiento
“¿No tenía que sufrir el Mesías todo esto antes de ser glorificado?” (Lc 24,26)
Is 50, 5-9 Él es mi ayuda
Sal 124 Nuestro auxilio es el nombre del Señor
Rm 8, 35-39 El amor que Dios nos tiene en Cristo Jesús
Lc 24, 25-27 Les explicó cada uno de los pasajes que se referían a él mismo

Comentario

Durante los últimos años, dos acontecimientos ocurridos en Escocia han hecho que este pequeño país se haya convertido repentinamente en el centro de la atención de los medios de comunicación del mundo entero. El atentado aéreo sobre Lockerbie y la masacre de los niños en la escuela de Dunblane aportaron notoriedad a una nación que se acordará siempre de estas atroces pérdidas de vidas humanas. Los dos acontecimientos causaron sufrimientos y aflicciones increíbles a un gran número de personas, y sus consecuencias se sintieron más allá de los límites físicos de estas dos localidades. Inocentes encontraron la muerte en circunstancias espantosas.

La realidad del sufrimiento es algo de lo que habla con fuerza el profeta Isaías en el pasaje de hoy donde nos recuerda que Dios no renuncia nunca a ver la humanidad sufriente. En cambio, el salmo declara la necesaria confianza que guarda el creyente hacia su Salvador.

La Carta a los Romanos declara la certeza que el amor es todavía más fuerte, y que el dolor y el sufrimiento nunca prevalecerán ya que antes de ofrecer al mundo la resurrección, Cristo entró en una agonía atroz y en la oscura cavidad de la tumba para estar totalmente con nosotros hasta en nuestras peores miserias.

Tras el Señor, los cristianos en búsqueda de la plena unidad manifiestan su solidaridad hacia aquellos que se enfrentan en la existencia con situaciones trágicas de sufrimientos, confesando que el amor es más fuerte que la muerte. Y de la humillación extrema de la tumba, la resurrección llegó a ser como un nuevo sol para la humanidad; como un clamor anunciante de vida, de perdón y de inmortalidad.

Oración

Dios Padre nuestro, que ves con compasión nuestras situaciones de miseria, sufrimientos, pecado y muerte, te pedimos el perdón, la curación, la consolación y el apoyo en la prueba. Te damos gracias por los que llegan a percibir tu luz en su aflicción. Que tu Espíritu divino nos enseñe la inmensidad de tu compasión para volvernos solidarios en el dolor. Y que colmados de sus bendiciones, podamos en la unidad proclamar y compartir con el mundo la victoria de tu Hijo que vive para siempre.

Cuestiones para la reflexión

1. ¿Cómo se puede mostrar empatía hacia los que sufren y están en el dolor?

2. ¿Qué sabiduría y qué profundizaciones hemos adquirido a través del sufrimiento que hemos conocido en la propia vida?

3. ¿Cómo vivimos la solidaridad con el sufrimiento y la opresión de numerosas personas que conocen la pobreza en este mundo y qué experiencia tenemos?

4. ¿Cómo podemos darnos cuenta de la misericordia de Dios y de la esperanza que ponemos en la luz de la cruz de Cristo?

Día sexto: Dar testimonio fiel según las Escrituras
“¿No nos ardía ya el corazón cuando conversábamos con él por el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24,32)
Is 55, 10-11 La palabra que sale de mi boca no volverá a mí sin cumplir su cometido
Sal 119 (118), 17-40 Abre mis ojos para que vea las maravillas de tu ley
2 Tm 3, 14-17 Toda Escritura está inspirada por Dios
Lc 24, 28-35 Jesús explica las Escrituras a los discípulos

Comentario

Los cristianos tienen el privilegio de descubrir la Palabra de Dios en la lectura de las Santas Escrituras y la celebración de los sacramentos. Por la escucha fiel a la proclamación de las Escrituras y la lectura fervorosa de los distintos libros de la Biblia, abren sus corazones y su espíritu para acoger la Palabra misma de Dios. Jesús prometió a sus discípulos que enviaría el Espíritu Santo para que comprendieran la Palabra de Dios y guiarlos hacia la verdad completa.

Desde un punto de vista histórico, los cristianos se dividieron tanto con respecto a la lectura como a la comprensión de la Palabra de Dios. A menudo han utilizado la Biblia para destacar su desacuerdo más que para buscar reconciliarse. Afortunadamente, gracias a las Santas Escrituras los cristianos recientemente se acercaron unos a otros en su búsqueda de la unidad. El estudio común de la Biblia pasó a ser uno de los principales medios de crecer juntos en la fe. Como cristianos, el camino que celebramos durante esta Semana de oración por 1a unidad de los cristianos es afianzada firmemente en nuestra escucha común de la Palabra de Dios, en nuestro esfuerzo para comprenderla y vivirla juntos.

El profeta Isaías nos recuerda que cuando se proclama con fuerza, la Palabra de Dios es verdaderamente eficaz. No vuelve de nuevo hacia Dios sin resultado sino que hace efectivo el objetivo para el cual Dios la envió. Encontramos este mismo mensaje en las palabras dirigidas a Timoteo, cuando es invitado a creer en la eficacia de las Escrituras que son, para los fieles, un instrumento para hacer el bien. El salmo alaba las palabras y las disposiciones del Señor y nos ayuda en nuestro discernimiento para que amemos la Ley sagrada.

Durante esta Semana de oración por 1a unidad de los cristianos, oramos para que todos los cristianos puedan penetrar más profundamente el misterio de la maravillosa revelación divina tal como se nos muestra en las Santas Escrituras. Suplicamos que el Espíritu Santo nos ayude a comprender mejor la Palabra de Dios y orientarnos en nuestro camino común en la fe, hasta que estemos reunidos de nuevo alrededor de la única mesa del Señor.

Oración

Oh Dios, alabamos y agradecemos tu Palabra que nos salva y que las Santas Escrituras nos ofrecen. Te agradecemos también compartir tu Palabra y descubrir la abundancia de tu amor en los hermanos y hermanas. Te pedimos nos concedas la luz del Espíritu Santo para que tu Palabra nos guíe y oriente nuestros pasos en nuestra búsqueda de una mayor unidad.

Cuestiones para la reflexión

1. ¿Cuáles son los pasajes de la Escritura que, para nosotros, son los más significativos?

2. ¿Quién o qué hace nacer una ardiente pasión por el Evangelio y el deseo de testimoniar a Cristo?

3. ¿Qué pasajes de las Escrituras nos ayudan a comprender mejor el testimonio de los otros cristianos?

4. ¿A vuestro modo de ver, cómo las Iglesias podrían utilizar las Escrituras de manera más eficaz en sus vidas y en su oración diaria?

Día séptimo: Dar testimonio por la esperanza y la caridad
“¿Por que os asustáis y por qué dudáis tanto en vuestro interior?”
(Lc 24,38)
Jb 19, 23-27 Yo mismo lo contemplaré
Sal 63 (62) Mi alma tiene sed de Dios
Hch 3, 1-10 Te daré lo que poseo
Lc 24, 36-40 Los discípulos estaban sorprendidos y muy asustados

Comentario

En su curso de vida y fe, todos los cristianos atraviesan momentos de duda. Cuando no llegan a reconocer la presencia de Cristo resucitado, el encuentro entre ellos puede a veces reforzar estas dudas más bien que reducirlas.

Los cristianos tienen el reto de seguir creyendo que, si no ven ni sienten la presencia de Dios, Dios está con ellos. Las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad les dan poder testimoniar que con la fe, pueden ir más allá de sus propias capacidades.

El personaje de Job nos ofrece el ejemplo del que tiene de afrontar duras tribulaciones y pruebas y que pide tener un apretado debate con Dios. A pesar de todo, en la fe y la esperanza estaba convencido de que Dios permanecería con él. Encontramos esta confianza y esta convicción en las acciones de Pedro y Juan durante el relato del minusválido que es relatado en los Hechos. Su fe en el nombre de Jesús les permite dar un poderoso testimonio delante de todas las personas presentes.

El salmo de hoy es una oración que refleja nuestra profunda aspiración en el amor inquebrantable de Dios.

Nuestro encuentro durante esta Semana de oración por la unidad de los cristianos ofrece a nuestras comunidades la posibilidad de crecer juntos en la fe, la esperanza y el amor. Damos prueba del amor inquebrantable de Dios para todos los seres humanos y de su fidelidad hacia la Iglesia una que estamos llamados a ser.

Cuanto más testimonio demos juntos, mucho mas fuerte será nuestro mensaje.

Oración

Dios de la esperanza, haznos descubrir el proyecto que tienes para tu Iglesia y haz que superemos nuestras dudas. Refuerza nuestra fe en tu presencia para que todos los que profesen su fe en ti puedan celebrarte juntos en espíritu y en verdad. Te pedimos especialmente por todos los que dudan actualmente o cuya vida se obscurece por el peligro o el miedo. Permanece con ellos y dales tu presencia que es consolación.

Cuestiones para la reflexión

1. ¿Cómo afrontamos nuestros propios miedos y dudas?

2. ¿En qué medida nuestro comportamiento puede ser fuente de temor o ansiedad para otros?

3. ¿En qué circunstancias afrontamos nuestros propios miedos y dudas y damos testimonio de fe en Cristo superando estas dificultades?

4. ¿Cómo las comunidades cristianas pueden fomentar unas y otras la fe y la esperanza?

Día octavo: Testimoniar por la hospitalidad
“¿Tenéis aquí algo que comer?” (Lc 24,41)
Gn 18, 1-8 Voy a buscar algo de comer para que repongáis fuerzas
Sal 146 (145) Hace justicia a los oprimidos y da pan a los que tienen hambre
Rm 14, 17-19 Busquemos con afán lo que contribuye a la paz y a la convivencia mutua
Lc 24, 41-48 Entonces abrió su mente para que comprendieran el sentido de las Escrituras

Comentario

Hoy, gracias a los medios de comunicación electrónica, todos estamos cercanos unos de otros en este planeta pequeño y superpoblado. Como en el tiempo de Lucas, numerosas son las personas y las comunidades que han tenido que abandonar sus casas y encontrar refugio en tierra extranjera. Nuestras comunidades han descubierto nuevas religiones y culturas extranjeras gracias a la llegada de fieles de las grandes religiones mundiales.

Durante la Semana de oración por la unidad de los cristianos, reconocemos en nuestro camino común hacia la unidad la hospitalidad y la fraternidad de los cristianos de todas las Iglesias. Cristo nos pide también acoger al extranjero y dejarnos acoger por él que es en adelante nuestro vecino. Queda claro que si no podemos ver a Cristo en el otro, entonces no podemos verlo de ninguna manera. La historia que se nos dice en el Génesis describe cómo Abraham recibió a Dios al abrir su casa y al ofrecer la hospitalidad a los extranjeros.

El Dios de toda la creación sostiene también al preso, al ciego y al extranjero. El salmo de hoy es una alabanza a Dios por su fidelidad eterna y por todo lo que hace por nosotros.

La carta a los Romanos nos recuerda que el Reino de Dios se realiza a través de la justicia, la paz y la alegría en el Espíritu Santo.

Cristo resucitado reúne a sus discípulos, come con ellos y lo reconocen. Les recuerda lo que las Escrituras decían de él y les explica lo que no habían comprendido hasta entonces. Así les libera de sus dudas y temores y los envía a dar testimonio de todo eso. Al crear este espacio de encuentro con él, les da recibir su paz, que implica la justicia para los oprimidos, la solicitud hacia los hambrientos, y el estímulo mutuo que son los dones del nuevo mundo de la resurrección. Como ellos, podemos encontrar a Cristo cuando nos ofrecemos a compartir nuestra vida y nuestros talentos.

Oración

Dios de amor, nos has mostrado tu hospitalidad en Cristo. Reconocemos que es compartiendo nuestros dones con los otros como te encontramos a ti. Danos la gracia de estar unidos cuando caminamos juntos y de reconocerte en cada uno de nosotros. Acogiendo al extranjero en tu nombre, haz que demos testimonio de tu hospitalidad y de tu justicia.

Cuestiones para la reflexión

1. ¿En qué medida el país donde vivimos se muestra acogedor hacia los extranjeros?

2. ¿Entre nosotros, cómo se acoge al extranjero? ¿Se le concede un espacio donde vivir?

3. ¿Cómo podemos manifestar la gratitud hacia los que supieron acogerlos mostrándose disponibles?

4. ¿Cómo la Cruz nos muestra que la hospitalidad de Dios es una hospitalidad vivida en el don total de sí?


Celebración ecuménica

Introducción

“Vosotros sois testigos de todas estas cosas” (Lc 24,48)

El tema de la oración por la unidad de los cristianos en este año 2010 es “Vosotros sois testigos de todas estas cosas”. Se ha sacado del capítulo 24 del Evangelio de Lucas, elemento principal de la celebración. Los cristianos de Escocia eligieron este tema para la celebración del centenario de la Conferencia de Edimburgo.

En 1910 los miembros de la asamblea de Edimburgo proponían testimoniar proféticamente que la división de los cristianos no solamente debilita la eficacia misionera, sino la naturaleza misma de la Iglesia, cuerpo de Cristo, y su misión.

En este año 2010 los cristianos de Escocia proponen proclamar este capítulo evangélico en su totalidad en las asambleas ecuménicas. Será ocasión de realzar nuestro envío como testigos del Evangelio en la predicación, en la acción de gracias, en la intercesión y en la celebración, revalorizar bien la resurrección de Cristo como fuente de la comunión eclesial, del envío en misión, del vínculo fundamental entre misión y unidad y, por lo tanto, de renovar siempre el compromiso por la unidad de los cristianos.

Es precisamente esta exigencia recíproca de la evangelización y del ecumenismo lo que estos pioneros del movimiento ecuménico en el siglo XX subrayaron en Edimburgo con tanta fe, fuerza y clarividencia.

El desarrollo de la celebración es intencionadamente simple. Se quiere facilitar su adaptación a las situaciones locales y permitir a los cristianos de todas las pertenencias reunirse sin dificultad en una oración común en el respeto a su diversidad. Es posible dar más amplitud a una parte o a otra. La estructura simple —reunión (I), proclamación de la Palabra de Dios (II), oración de acción de gracias vinculada a las intercesiones (III) y envío (IV)—, permite también a las asambleas dar formas más libres de culto y a la oración espontánea.

I) Reunión y apertura

Canto de reunión. Durante este canto, la Biblia o el Evangeliario, se coloca delante de la asamblea según las tradiciones locales en el atril, el ambón, sobre la mesa del altar…

En sus palabras de acogida el presidente de la asamblea da la bienvenida a las comunidades presentes y a sus responsables.

Invita a dar gloria a Dios por la resurrección de su Hijo Jesús, a orar por la unidad de los cristianos y a pedir el don del Espíritu Santo para un renacimiento de la misión y de la unidad cristiana en el espíritu de la llamada de Edimburgo en 1910 (cf. introducción general del tema de la oración de 2010 y el pasaje arriba citado).

La oración de apertura puede también elegirse entre las que se proponen en el anexo.

II) La proclamación de Lc 24

El canto de aclamación al Evangelio. Algunos ejemplos a elegir: himno a Cristo resucitado, Gloria, aleluya continuo, otro canto o un antiguo salmo de tonalidad pascual o que mencione el envío de los testigos de la resurrección.

La lectura continua es la forma recomendada de esta proclamación de Lc 24. La asamblea se sienta de nuevo después del canto que precede el Evangelio. Varios métodos de proclamación se presentan: proclamación por un solo lector o por varios lectores: el narrador, la voz de Cristo, los ángeles, los discípulos de Emaús, los discípulos de Jerusalén.

— En el versículo 34 se puede introducir este diálogo entre el lector y la asamblea:

— Lector: “Es cierto que el Señor ha resucitado y que se ha aparecido a Simón”.

— Asamblea: “Verdaderamente Cristo ha resucitado. ¡Aleluya!”.

— Una alabanza puede también cantarse entre las tres secciones del capítulo: el mensaje pascual recibido en la tumba (v. 1-12), la aparición a los discípulos de Emaús (v. 13-35), la aparición a los Once (v. 36-53). Otras expresiones de la alabanza y la alegría pascual son posibles, por ejemplo el aplauso después de cada aparición del resucitado, según el ejemplo de la vigilia pascual caldea.

— Con niños o jóvenes especialmente, se puede recurrir al mimo o a otras formas de representación.

— Se puede recurrir a la iconografía: imágenes, vídeo,…

Antes de la predicación deben distribuirse el canto, la música y el tiempo de silencio.

III) Las oraciones de acción de gracias y de intercesión

Inspiran el contenido de los días de la semana de oración. Invocan el Nombre del Señor y lo celebran en su generosidad y hospitalidad hacia nosotros reveladas en Jesucristo. Constituyen una oración de petición y consagración a Dios de los testigos del Evangelio, unidos en una única fe y en un único bautismo, y en el testimonio común de la Iglesia indivisa.

IV) El envío

Se propone una oración de los cristianos de Escocia como oración de compromiso. Expresa nuestra voluntad de consagrar a Dios el presente y el futuro tanto del movimiento ecuménico como de la evangelización. En este año 2010, a la hora de un nuevo “compromiso de Edimburgo”, entendemos en el centro de nuestras asambleas de oración la llamada más actual que nunca de evangelizar en la unidad: “Que seamos uno, para que el mundo crea” y que se refuerce nuestra respuesta a la petición de Cristo de estar en comunión los testigos de su resurrección.

El esquema de este culto podrá servir para una celebración común con motivo de la Fiesta de Pascua 2010 y para los próximos años de fecha común de la Pascua (4 de abril de 2010, 24 de abril de 2011, 20 de abril 2014, 16 de abril 2017).

Varios elementos pueden utilizarse en el marco de una celebración litúrgica propia de una comunidad.

Celebración

I) Reunión y apertura

Canto de reunión
Diálogo de apertura

P. “Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a la que habéis sido llamados…”
A. “Sólo hay un Señor, sólo una fe, sólo un bautismo. Sólo un Dios, que es Padre de todos, que todo lo domina, por medio de todos actúa y en todos vive.”

P. “Estaba escrito que el Mesías tenía que morir y que resucitaría al tercer día; y también que en su nombre se ha de proclamar a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén, un mensaje de conversión y de perdón de los pecados.”
A. “Vosotros sois testigos de todas estas cosas.”

Palabras de acogida
Oración de apertura

P. Oh Cristo resucitado,
que acompañaste a los discípulos en el camino de Emaús,
tú estás a nuestro lado en el camino de la fe.
Sobre los caminos de la vida, en cada encuentro,
suscita en nosotros la compasión de acoger al otro
y de estar a la escucha de su historia.
Aviva nuestro deseo de anunciar tu Palabra.
Que ilumine y arda nuestro corazón de testigos.
Que tu Espíritu Santo nos enseña el arte de explicar las Escrituras,
para que los ojos se abran y te reconozcan.
Concédenos el valor de volvernos sensibles,
para que los hermanos y hermanas reunidos te puedan conocer
y que podamos por ellos descubrirte. Amén.

II) Celebración de la Palabra de Dios

Canto de aclamación al Evangelio
Lectura continua del capítulo 24 del Evangelio de Lucas
Predicación
Canto
Intercambio de la paz

P. Jesús dijo a sus apóstoles: “La paz os dejo, mi paz os doy.” No mires nuestros pecados, sino la fe de tu iglesia. Para que tu voluntad se realice, dale esta paz y condúcela a la unidad perfecta, Tú que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
A. Amén.

P. La paz del Señor esté siempre con vosotros.
A. Y con tu espíritu.

O también

P. La paz del Señor esté siempre con vosotros.
A. Verdaderamente Cristo resucitado está entre nosotros.

O también

P. Cristo ha resucitado.
A. Verdaderamente ha resucitado. Aleluya.

Símbolo Niceo-Constantinopolitano (sin el filioque)
Colecta y Canto

III) Intercesiones

Dios creador y salvador, te alabamos por todas nuestras comunidades que quieren confesar juntas, por sus palabras y sus hechos, su fe en Cristo resucitado en el que recibimos la nueva vida.

Haznos avanzar en nuestros compromisos ecuménicos para estar más unidos en la acción de gracias por la Creación como en nuestras acciones orientadas al servicio de la vida.

Kyrie eleison (u otro estribillo)

Dios que has manifestado tu presencia en nuestra historia, te damos gracias de habernos acompañado y dado a tu Hijo para revelar tu amor y compartir tu gloria.

Guía los pasos de todos los testigos del Evangelio hacia la unidad perfecta en una escucha atenta y paciente de las culturas y personas con su historia.

Kyrie eleison

Dios que no nos abandonas nunca, te damos gracias por la experiencia de Cristo resucitado en los dos discípulos de Emaús.

Haz que experimentemos la presencia de Cristo que camina con nosotros, alienta nuestro corazón e ilumina nuestra inteligencia, para que seamos testigos de tu presencia activa en el poder de su resurrección.

Kyrie eleison

Dios de quien viene todo don perfecto, te damos gracias porque no cesas de suscitar de generación en generación esta nube de testigos que nos transmitieron la fe de los apóstoles, san… (cada asamblea puede mencionar a los evangelizadores y a los mártires de su región).

Danos ser fieles a esta herencia de fe y enséñanos a abrir juntos las nuevas vías del Evangelio.

Kyrie eleison

Dios de compasión, te damos gracias porque has reconciliado el mundo por la cruz de tu Hijo.

Haz crecer en nosotros la fe: que sea para nuestras Iglesias y para cada uno de nosotros una fuerza para ser, siguiendo el ejemplo de Cristo, cada vez más solidarios de las personas en su vida como en su sufrimiento y en su muerte.

Kyrie eleison

Dios en quien ponemos nuestra esperanza, te alabamos por la promesa de Jesús: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final del mundo.”

Mira las dudas que asaltan a nuestros corazones sobre el camino de la unidad cristiana. Siguiendo el ejemplo de los pioneros del ecumenismo de la conferencia de Edimburgo en 1910, danos el valor de denunciar juntos nuestros temores actuales y la clarividencia para reencontrar en este año 2010 la confianza sobre el camino de la realización de tu voluntad.

Padre Nuestro

IV) Envío

Oración de compromiso

P. Oremos juntos:
A. Señor, tómanos desde donde estamos actualmente
y condúcenos allá donde Tú quieres que vayamos.
Haz que no seamos solo los encargados de una herencia,
sino las señales vivas de tu reino que viene.
Enciéndenos la pasión por la justicia y la paz
entre todos los pueblos.
Llénanos de fe, de esperanza y de amor
que están en el corazón del Evangelio
y háznos UNO en el poder del Espíritu Santo:
Que el mundo crea,
que tu nombre sea santificado en nuestra Nación,
que tu Iglesia pueda reconocerse efectivamente reunida en un único cuerpo.
Nos comprometemos a amarte, servirte y seguirte
no como extranjeros unos de otros, sino como peregrinos.
Amén.

(Liturgia inaugural de ACTS-Acción conjunta de las Iglesias en Escocia, 1990)

Bendición final

P. “La gracia de nuestro Señor Jesucristo,
el amor de Dios Padre,
y la comunión del Espíritu Santo
esté siempre con vosotros.”
Y con tu espíritu.

O también

P. Que el Señor que venció las tinieblas por su luz,
os dé la paz.
Que el Señor que venció la muerte por la vida,
os dé la paz.
Que el Señor que venció la soledad del mundo por el amor
os dé la paz.

u otra bendición

Palabras de envío

P. Hoy Cristo resucitado nos proclama: “Como el Padre me envió, así yo también os envío…”
A. Amén.

P. La Buena Noticia de la Resurrección de Jesús nos ha sido anunciada: “Nosotros somos sus testigos”. Caminad en la paz de Cristo. ¡Aleluya!
A. Demos gracias a Dios. Amén. ¡Aleluya!

Canto de acción de gracias o de envío