Apertura del Año Santo Ignaciano

El pasado jueves, 20 de mayo, se celebró los 500 años de la caída de San Ignacio de Loyola en Pamplona, lo que supuso un su conversión y la creación de la Compañía de Jesús. Por este motivo, se celebraron una serie de actos, tanto civiles como religiosos, que culminaron con la apertura del Año Santo Ignaciano.

A las doce de la mañana del jueves 20 de mayo, nuestro Arzobispo don Francisco se encontraba con el Prepósito General de los Jesuitas, Arturo Sosa, en el exterior de la basílica de San Ignacio de Pamplona. Allí estaban también el Obispo Auxiliar, Mons. Juan Antonio Aznárez, el párroco de San Nicolás, César Magaña, y autoridades civiles como el alcalde de la ciudad, Enrique Maya.

Tras escuchar unas palabras por parte del Alcalde y del Padre General de los Jesuitas, se realizó una ofrenda floral en la placa que conmemora la caída de San Ignacio en Pamplona. Seguidamente, se ofreció una breve explicación histórica de la figura del santo y de la basílica de San Ignacio, a cargo de Ricardo Fernández Gracia, profesor titular de Historia del Arte en la Universidad de Navarra y Director de la Cátedra de Patrimonio Histórico de Navarra. Según explicó Fernández Gracia la basílica de San Ignacio se comenzó a construir en la segunda mitad del siglo XVII, encargada por Diego de Benavides, un particular devoto de San Ignacio que, tras contactó con algunos jesuitas navarros, juntó donativos para su construcción.

Ya en el interior de la basílica, don Francisco ofreció unas palabras de acogida, y tras una oración, el Prepósito General de los Jesuitas, Arturo Sosa, bendijo una nueva talla de Íñigo de Loyola.

Prepósito General de los Jesuitas, Arturo Sosa, tuvo tiempo de visitar el colegio de los Jesuitas de Pamplona antes de todos estos actos y después, fue recibido por parte de la corporación municipal en el Ayuntamiento de Pamplona.

El acto central del día tuvo lugar a la tarde, en la Catedral de Santa María la Real de Pamplona, donde se llevó a cabo la celebración de la apertura del Año Santo Ignaciano.

El Arzobispo don Francisco fue el encargado de presidir la celebración, en al que concelebraron el Obispo Auxiliar. Mons. Juan Antonio Aznárez, el P. General Arturo Sosa, quien pronunció la homilía, el provincial, Antonio España y varios jesuitas más.

El P. Sosa ofreció una homilía, en la que destacó el importante papel de San Ignacio de Loyola en la Iglesia y la valentía que tuvo de dejarlo todo para seguir al Señor y fundar, junto a unos pocos compañeros entre los que se encontraba nuestro santo patrón, San Francisco Javier, la Compañía de Jesús. «Estar con Dios, conocerlo, amarle y seguirle es lo que le hace caer en la cuenta de que ya no es el mismo, y de que esta novedad le merece la pena, le va la vida en ello. Íñigo se deja entonces conducir por Dios, lo cual significará que el joven vasco no querrá ya ser el protagonista de su futuro, ni buscar su propia gloria, sino dejar hablar a Dios, como admirablemente hará al escribir el libro de los Ejercicios Espirituales” remarcó el P. General Arturo Sosa.

Los días posteriores a la apertura del Año Santo Ignaciano se celebró en la iglesia de San Ignacio un triduo de acción de gracias, con la predicación del párroco de San Nicolás, César Magaña, del Rector del Santuario de Javier, José Mª Vicente, y de nuestro Arzobispo, Mons. Francisco Pérez. Además, se contó con la intervención de diferentes coros: el Coro de la parroquia de San Saturnino, el Grupo Musical Shemá y la Coral Liguori.

Los días previos se celebraron unas conferencias en la basílica de San Ignacio, en la que Eduardo Oslé, Luis Javier Fortún, Carlos Coupeau, Juan José Martinena y Ricardo Fernández Gracia hablaron sobre diferentes aspectos de la figura de San Ignacio de Loyola.

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