D. Juan Antonio, un servicio humilde

Mons. Juan Antonio con su amigo y colaborador Félix García de Eulate en el Arzobispado Castrense

Félix García de Eulate
Sacerdote diocesano y Adjunto a Vicaría General
La esencia del cristianismo es el amor. Para simplificar, se puede decir que el cristianismo consiste en un “servicio humilde”. Esta expresión contiene todas las virtudes evangélicas. Resume bien lo que ha sido la acción pastoral de Mons. Juan Antonio Aznárez en nuestras Diócesis de Pamplona y Tudela: “un oficio de amor”. Lo puedo afirmar porque he tenido la suerte de compartir con él las tareas de la Vicaría una decena de años.

Hemos congeniado y trabajado mano a mano entre otras cosas por nuestras raíces comunes. Su apellido Aznárez viene de Baquedano, pueblo de nuestra querida Améscoa. Arraiga en un marco geológico impresionante de altivas y duras peñas entre las que nace el “agua hermosa” (Urederra) que baña los bosques de verdes y umbrosas hayas y de recios y seculares robles. Esta estampa forja el carácter de las gentes del lugar. Su vida juvenil, desarrollada en Tudela, recibe un sello de apertura de miras y tranquilidad de la amplia y llana Ribera y del fecundo río Ebro. Montaña y Ribera con sus características marcaron los inicios de nuestro flamante Arzobispo Castrense a quien hoy despedimos y agradecemos su “servicio humilde”.

CON UN ESTILO.

He aprendido con D. Juan Antonio que el servicio humilde se trabaja cada día con entrega, responsabilidad, comprensión, generosidad, paciencia, sonrisa, sentido del humor y optimismo. Gana los corazones. Este estilo no es facilón ni débil. Los humildes son los más valientes, exigentes, tenaces y libres. Del servicio humilde nace “la paz y la dulce y confortadora alegría de evangelizar” (EG 1)

Las buenas formas, el respeto, el diálogo, la escucha han marcado un estilo de actuar en la Vicaría. Nunca se han oído voces altaneras. La Vicaría es una caja de resonancia de lo que sucede en la diócesis. Llaman al teléfono: – Dígame. – ¿Es ahí donde se dan las quejas?- Sí. Y también las alabanzas…dígame, dígame… Después de una escucha larga hasta la extenuación y de un diálogo amable, la mayor parte de las veces, con tranquilidad y paz, la gente reconoce: “El cura tenía razón”. Claro, porque actuó siguiendo los mandamientos, respetando las normas de la Iglesia y buscando el bien de todos.

¿Y en los inevitables conflictos de la convivencia diaria? Hubo un escrito en la mesa de la Vicaría que estaba de cara al interlocutor que decía: “En las cosas necesarias: unidad. En las dudosas: libertad. Pero en todas: caridad” Este escrito ya no está visible para el visitante pero sí para el responsable, que él sólo tiene a la vista en un lugar recoleto. Hasta en esto la discreción, el respeto y la acogida amable han sido formas de actuar. ¿Y en los asuntos peliagudos? Le hemos visto a D. Juan Antonio ir silenciosamente a hacer una visita a la capilla para buscar consejo con el Señor.

CON UNA RESPUESTA FIEL A LA IGLESIA

Ha respondido con creces a las expectativas de la Iglesia sobre él. Había llenado su mochila con un excelente bagaje intelectual y espiritual con reservas para el desgaste del viaje de la vida. Primero fue la sabiduría humana en Filología hispánica en la Universidad de Zaragoza. Después, el Seminario de Pamplona añadió a su mochila las virtudes de un buen sacerdote. Completó todo su acopio la sabiduría divina de la Sagrada Escritura en Roma y Jerusalén.

Rezuman de Sagrada Escritura, sabiamente aprendida y rezada, sus trabajos como profesor, conferenciante, catequista y predicador. La Palabra de Dios siempre impregnó toda su vida como la sal el agua del mar. Con esta preparación y disposición generosa para todo, ha sido un instrumento formidable al servicio de la Iglesia.

GRACIAS Y ORACIONES

Hoy queremos dar gracias a Dios y al Papa por este miembro sobresaliente de nuestra Iglesia. Por su persona, por su estilo vida, por su ejemplo de celo pastoral. El Papa ha privilegiado a nuestra diócesis poniendo sus ojos en D. Juan Antonio confiándole una misión de gran dignidad y exigencia: Arzobispo Castrense. Va con “olor de oveja” como le gustan al Papa Francisco los pastores de la Iglesia. Las estrellas militares, que quizás pueda llevar, irán en consonancia con la humildad, la valentía y la tenacidad comprensiva del Evangelio, que define al cristiano como “UN SERVIDOR HUMILDE”. Es su lema: “Siempre que he obedecido me ha ido bien”. Pedimos al “Pastor de los pastores” que lo bendiga en su nueva misión pastoral a la que le vemos ir con la misma ilusión con la que fue aprisa, diácono novato, a la Parroquia de Santa Fe de Caparroso hace treinta y un años. Muchas gracias D. Juan Antonio. Un pedazo de su corazón queda aquí y se lleva un buen trozo de los nuestros.

Para terminar este escrito seguramente él me diría como en la Vicaría: “Añade: Pidamos perdón por nuestros pecados”. Amén.

Artículo publicado en el Semanario La Verdad de la diócesis de Pamplona-Tudela
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