Rezar junto a la tumba de los apóstoles

Los Obispos tenemos la obligación de peregrinar a Roma cada cinco años. Es una forma de expresar visiblemente nuestra comunión espiritual con el Papa. De este modo se manifiesta y se fortalece la unidad de la Iglesia, cimentada en Cristo y arraigada en la Santa Trinidad.

El ministerio del Obispo no puede ser un ministerio individualista, desgajado del resto de la Iglesia. El Obispo preside su Iglesia, en nombre de Cristo, como miembro del Colegio Episcopal presidido por el Papa. Sus enseñanzas, sus celebraciones litúrgicas y sus decisiones de gobierno, siempre animadas por la caridad, tienen que estar en comunión con la doctrina, las leyes y la animación espiritual de la Iglesia de Cristo. Algo semejante ocurre con el ministerio de los sacerdotes en relación con el del Obispo.

En esta unidad, a la vez interior y visible, encuentra el Obispo la norma de su autoridad y los fieles cristianos las razones profundas de su adhesión y su obediencia a las directrices del Obispo y de los sacerdotes. Nadie en la Iglesia obedece al Obispo por sus notas individuales, sino por ser miembro del Colegio Apostólico, en comunión de amor y de obediencia con el Obispo de Roma, signo y garantía de la unidad de la Iglesia, y por eso mismo signo y garantía de la apostolicidad de la fe y del encuentro real con Cristo de quienes profesan y viven la fe predicada en y por la Iglesia católica.

En estos días, los Obispos españoles han acudido a Roma para orar junto a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo y para encontrarse con el Santo Padre como expresión sensible de nuestra unidad con él, de nuestra obediencia efectiva a sus enseñanzas y a la vida de la Santa Madre Iglesia. Yo tenía que estar con ellos.

Hace ya unos meses, como preparación de este encuentro, cada Obispo hemos enviado una relación sobre el estado de las Diócesis respectivas, en cuya redacción han colaborado todos los organismos diocesanos. De esta manera, con la ayuda de los diferentes Dicasterios, el Papa puede estar bien informado de lo que somos, de lo que hacemos y de lo que querríamos hacer, de nuestros valores y nuestras deficiencias. Somos hijos que visitan al Padre común. No ocultamos nada y recibiremos con gratitud cualquier observación que quieran hacernos.

Todo estaba a punto y ya tenía preparado mi viaje a Roma con la intención de cumplir, junto con los demás Obispos, los diferentes actos de la Visita a la Santa Sede y a las tumbas de los Apóstoles. Pero pocos días antes de la fecha señalada, por razones de salud he tenido que retrasar el viaje. En estos meses pasados he tenido algunas alteraciones en la salud, de las cuales, gracias a dios, estoy ya bastante repuesto, pero los médicos han considerado que no era prudente someterme al ritmo que el viaje a Roma y las obligaciones de esta visita llevan consigo. Muy a mi pesar he tenido que obedecer y retrasar el viaje.

He querido comunicaros esta circunstancia, con sencillez y claridad, para que nadie se extrañe ni surjan rumores de ninguna clase. Hemos enviado nuestra relación, espiritualmente estamos con los Obispos y los cristianos que han ido a Roma, cuando esté del todo recuperado y las agendas romanas lo permitan, iré a Roma a presentar al Papa el testimonio de mi plena comunión y obediencia, el testimonio también de la comunión de los católicos de las Diócesis de Pamplona y Tudela, y a rezar junto a la tumba de los Apóstoles Pedro y Pablo por la fidelidad, el aumento y la santificación de los católicos de Navarra.

Quiero expresar mi agradecimiento a cuantos en estas semanas pasadas os habéis interesado por mi salud y habéis rezado por mí. En la dura experiencia de la debilidad he sentido el consuelo del afecto de cuantos me habéis atendido y ayudado, unos con vuestros saberes profesionales y otros con vuestra generosa amabilidad. Dios sea bendito por tantas cosas buenas.

Mons. Fernando Sebastián Aguilar

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela.