APERTURA DEL AÑO JACOBEO 2010 RONCESVALLES (Navarra) INTERVENCIÓN DEL SR. ARZOBISPO DE PAMPLONA-TUDELA 09-02-2010

Altezas,

Sra. Ministra,

Presidentes de las Comunidades autonómicas,

Cabildo de la Basílica de Roncesvalles,

Autoridades

Amigos todos,

Sed bienvenidos a estas legendarias tierras de Roncesvalles, cargadas de piedad y de historia. Esta bella Colegiata está acostumbrada a recibir personas ilustres y devotas. En ella han orado, han encontrado el perdón de sus pecados y la fortaleza de su espíritu, miles y miles de peregrinos que comenzaban aquí su peregrinación con la esperanza de llegar a tocar, con sus deseos, las reliquias del Apóstol, discípulo y amigo de Jesús. La tierna mirada de la Virgen de Orreaga les ha acompañado y fortalecido en las duras jornadas del Camino.

La peregrinación es un signo natural de la condición humana. Somos caminantes, nuestra vida es necesariamente una peregrinación espiritual y, muchas veces, también material. Todos caminamos desde nuestra condición natural al ideal de una personalidad soñada, de una vida más plena, de una felicidad inevitablemente requerida y reclamada por el clamor de nuestro corazón. Una tierra sin caminos es soledad, amenaza, angustia y desolación. El camino humaniza la extensión muda de la tierra. El camino pone un principio y un fin, ordena el espacio, sitúa y orienta nuestra vida.

El peregrino, el caminante, no es un hombre perdido ni indolente, tiene una meta, sabe lo que le conviene y lo que le estorba, disfruta de las bellezas de este mundo y se mantiene libre para llegar al punto objeto de sus deseos. Nuestros antepasados nos han dejado caminos limpios y expeditos, y en esta dimensión simbólica en la cual el camino es la vida misma, Cristo se ha hecho camino para todos los que creen en Él.

Esta es la experiencia profunda de Europa entera, desde el siglo IX, gracias al Camino de Santiago. En Roncesvalles se siente latir el corazón de Europa. Los miles de peregrinos que recorren este Camino, desde los tiempos de Carlomagno, provenientes de todos los extremos de Europa, para entrar por Roncesvalles o por Canfranc, convergen luego en Puente la Reina y cruzan la Rioja y las duras tierras de Castilla  y León hasta llegar al Monte del Gozo, lo hacen movidos por el deseo de fortalecer su fe en Jesucristo, o al menos por la necesidad profunda de encontrar un sentido a su vida.

Tierra Santa, Roma y Santiago han sido los tres objetivos preferidos de los peregrinos cristianos, los tres puntos privilegiados donde les resultaba posible fortalecer su fe y purificarse de los pecados, acercándose físicamente a las huellas corporales de Cristo o a las reliquias de sus discípulos más cercanos, Pedro, Pablo o Santiago. Además de un fenómeno religioso de primera importancia, el Camino de Santiago es también una realidad de gran valor histórico, demográfico y cultural. Desde el siglo X, los peregrinos de Santiago traían y llevaban noticias, conocimientos, proyectos, normas estéticas y experiencias de vida.

Por la puerta abierta del Camino de Santiago entraron en España santos, sabios, artistas, nobles y plebeyos, caballeros y mendigos. El flujo de los peregrinos atrajo la presencia de las órdenes militares, de los monjes cluniacenses y el románico, el Cister y el gótico, los hospicios, albergues, puentes, las donaciones y privilegios de los reyes, los intereses de los mercaderes; de manera que la realidad religiosa del Camino fue semilla de civilización y de cultura, haciendo crecer a sus orillas ciudades florecientes y monumentos admirables. Muchos santos recorrieron el Camino: San Francisco de Asís, Santa Isabel de Portugal, Santa Brígida de Suecia y otros muchos. Figuras ejemplares de caridad como Santo Domingo de la Calzada o San Juan de Ortega donde los peregrinos encontraban asistencia y cobijo.

El Camino de Santiago es como una gran avenida en torno a la cual crece la idea y se consolida la realidad de Europa como una unidad cultural desde las ciudades centroeuropeas hasta Finis terrae. Después de unos cuantos años de vida bastante debilitada, como consecuencia de las rupturas religiosas y políticas provocadas por la Reforma, desde mediados del siglo pasado, apenas terminada la IIª Guerra Mundial, el Camino ha vuelto a cobrar nuevo vigor con unas formas menos espectaculares pero no menos importantes.

La realidad actual del Camino de Santiago manifiesta muchas cosas que no siempre tenemos suficientemente en cuenta. Los miles de peregrinos que actualmente recorren el Camino, la mayoría de ellos con intenciones religiosas más o menos explícitas, demuestran de manera incuestionable que el hombre moderno, el hombre europeo, el hombre racional y técnico de nuestro tiempo, sigue siendo un ser religioso, dotado de una dimensión de interioridad, que necesita horas de soledad y de silencio para descubrirse a sí mismo, que siente la necesidad de encontrarse con un Dios real, infinito y cercano al mismo tiempo, amorosamente emparentado con nosotros. Si alguien pretendiera recuperar el Camino, reduciéndolo a una realidad cultural de interés económico, desconociendo o ladeando su sustancia religiosa, demostraría una visión muy corta de la historia y de la naturaleza humanas.

El Año Santo Compostelano, el segundo del Tercer Milenio, tras el celebrado el año 2004 comporta un año de gracia del Señor que supone cada Jubileo, en el que el peregrino de todas las épocas, y en especial el hombre de hoy, encuentra al final del Camino lo que más necesita: el don total de la misericordia de Dios, el encuentro con Cristo que cancela todos nuestros pecados. Este es el foco irresistible de atracción del Camino en el año Jubilar.  No por menos el lema del Año Santo es: “Peregrinos hacia la Luz”. Esa luz es Jesucristo que ilumina la experiencia de todo aquel que desea seguirle. Tras la puerta del perdón y el abrazo al Apóstol, los peregrinos salen transfigurados por el pórtico de la Gloria que es como el anticipo de la puerta del Cielo, de la vida plenamente bienaventurada.

La religión auténticamente vivida, es siempre fuente de cultura, porque ilumina interiormente la mente de los creyentes, sitúa la vida en el contexto de la realidad, aclara y pone nombre a los misterios de la vida, inspira y moviliza la creatividad del hombre, propone escalas de valores y formas de comportamiento. La fe cristiana no solamente está en las raíces de Europa, sino que forma parte de su presente y de su futuro. Europa tendrá que volver a reconocerse cristiana o irá perdiendo, poco a poco, su propia identidad y sus adquisiciones más altas. Juan Pablo II el año 1982 dijo en Santiago de Compostela: “Europa vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes…Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo.”

Altezas, Señores Presidentes, Señora Ministra, amigos todos, agradecemos vuestra presencia y os deseamos un día feliz. Vuestra asistencia en esta cabecera del Camino de Santiago que es Roncesvalles, nos alegra a todos y nos llena de esperanza, contamos con vuestro apoyo para que la Ruta Jacobea siga siendo, ante todo, una ruta de fe y una ruta interior hacia el encuentro personal de los peregrinos con el misterio de Dios presente en nuestro mundo.