DAR BUEN CONSEJO AL QUE LO NECESITA 09-05-2010

          Dentro de las obras de caridad y de misericordia para con el prójimo hay una que se refiere a la ayuda a los demás, aconsejando bien y oportunamente. Dar un buen consejo es muy importante puesto que se puede llegar a hacer cambiar a una persona que hubiera cometido una equivocación o error y así puede tomar el camino justo; de lo contrario, tal decisión equivocada le hubiera pesado toda la vida. Quien es buen consejero sabe discernir las situaciones erróneas y es buen compañero de camino. Los tiempos actuales nos muestran la gran falta que existe en las relaciones humanas para saber aconsejar y ayudar a recapacitar sobre los comportamientos equivocados.

           En el lenguaje coloquial se suele afirmar que cada uno se las “componga por sí mismo” y, en nombre de la libertad personal, se deja correr la suerte del otro. Nadie quiere interferir en la vida del otro puesto que, así se piensa, cada uno es dueño de hacer lo que quiera. Esto es cierto pero también, por un pudor y respeto mal orientados, podemos caer en no ayudar a quien necesita una mano amiga; a quien, gracias a un ‘buen consejo’, puede salir de la situación embarazosa y difícil.

            El diccionario de la lengua española, en la sexta acepción, dice que ‘tutor’ es la caña o estaca que se clava al pie de una planta para mantenerla derecha en su crecimiento. La caña ayuda para que la planta no se desvíe y crezca convenientemente. Es decisiva en el proceso del futuro árbol puesto que le ayuda a crecer en armonía y en recta orientación. Yo se que hoy es muy difícil hacer comprender la importancia que tiene el ‘tutor’, el ‘director espiritual’, el ‘consejero’…, pero a la postre sabemos que quien ha tenido un buen consejo y a una persona que le ha sabido orientar rectamente su vida, ha conseguido hacerla más persona que si esto no se hubiera dado.

           Cada uno es libre de sus actos, pero la vida se ha puesto tan complicada que necesitamos esa señal que nos sostenga en los momentos en los que corremos el peligro de desviarnos o en las circunstancias en las que el viento recio y fuerte amenace con romper y quebrar nuestro hermoso árbol. Nadie puede arrogarse, con altanería, el dicho de que cada uno se las vale por sí mismo. A la vuelta de la esquina menos pensada todos nos topamos con la realidad testaruda y todos necesitamos una mano amiga que nos escuche y nos aliente o nos corrija para que la vida se realice con madurez y rectitud.

            Es muy común encontrarse con jóvenes que están preocupados por ser más libres y para ello luchan por desentenderse de sus padres. Ante sus propuestas de imaginarias fantasías donde no dejan a nadie intervenir, piensan que nadie puede fiscalizar sus decisiones; a ellos les advierto que hagan una reflexión sobre sus falaces aventuras y piensen que la mejor amistad es la de los suyos y la de aquellos que, con valentía y cariño, corrigen sus ilusiones, a veces peregrinas. Un buen consejo aceptado cambia el rumbo torcido enderezándolo y refuerza la justa orientación de la propia vida. Quien se apoya en un buen consejero se hará merecedor de un camino feliz en su vida.