Encuentro con los jóvenes


He sabido que se reúne, al menos, una vez al mes con los jóvenes en la Capilla de San Fermín de Pamplona. ¿Me puede decir cuál es el motivo de esta convivencia? Creo que es importante que esté cercano a nosotros, nos oiga en nuestras inquietudes y nos impulse a vivir para hacer el bien.

Más de una vez he dicho que una de mis preocupaciones son los jóvenes. Ellos se encuentran en un momento crucial y precioso a la hora de construir su vida para bien o destruirla para mal. Yo quiero que la puedan construir para bien. Confío en ellos y espero mucho de ellos. Ahora bien conviene que los que tenemos responsabilidades en la sociedad no los engañemos. Y esto es lo que quiero hacer: mostrarles que la vida tiene sentido y merece la pena gastarla bien.
Ante tales instancias que acosan a la juventud actual que les invitan a caer en una trampa de esclavitud, yo les quiero proponer una libertad verdadera que es la del Evangelio. Tal vez alguno pueda pensar que esto es una utopía. ¡No! Es una realidad tan grande que así la experimentó San Agustín: “Oh verdad, luz de mí corazón, ya no me hablan mis tinieblas; me equivoqué, pero me he acordado de ti. Y ahora vuelvo sediento y fatigado hasta tu fuente. He vivido sin vivir; mal he vivido por mí, pero en ti vuelvo a la vida” (Las Confesiones).
El deseo que tengo es también el de estar cercano a los jóvenes y la forma mejor es hablarles desde la verdad y con la sinceridad. Jesucristo me ha enviado a través de la Iglesia para anunciar a todos y en especial a los jóvenes que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Mi misión es ésta y si no la cumpliera sería un mentiroso y un aprovechado.
Quiero hablar a los jóvenes con alegría y con firmeza. Con alegría mostrándoles el gozo de la fe que nos ha sido regalada por Dios y confiada a su Iglesia. Con firmeza haciéndoles recapacitar y pensar que el único que salva es Jesucristo y que no pongan su confianza en otros ‘dioses’. Ayudarles a poner en el centro de su vida a Dios y el amor a los pobres. Todo lo que les ayude a comprender y a vivir este estilo de vida ha de ser primordial en mi ministerio de obispo.
Los jóvenes esperan que les hablemos con claridad y sin ambigüedad. Ellos saben que la sociedad necesita de gente valiente y que sin titubeos vayan mostrando aquello que les hace ser auténticos. La superficialidad y la mediocridad producen hastío y falta de sentido en la vida. El futuro espera al joven que se forja en el presente.
El ejemplo y el recuerdo, del santo de la juventud, puede ilustrar el motivo por el que quiero reunirme, junto con sacerdotes y religiosos, con los jóvenes: “Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti las cosas. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti” (Las Confesiones).
Espero que se acoja bien esta iniciativa que, cada vez más, se va haciendo realidad en otras Diócesis de España.