Sentido de la mortificación y la penitencia

La conversión del corazón es tarea de todas las épocas y de todos los tiempos y, por eso, hoy también se requiere actuar en consonancia con los retos de nuestro tiempo que nos pide a los cristianos nuevos métodos y nuevas expresiones para seguir caminando en el seguimiento de Jesucristo.

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PREGUNTA: Ante una sociedad que da pasos muy rápidos y ante posturas solidarias que están presentes en muchas instituciones o grupos ¿cree usted que sigue teniendo sentido el ayuno, la mortificación y la penitencia como nos inculca la Iglesia?

RESPUESTA: La conversión del corazón es tarea de todas las épocas y de todos los tiempos y, por eso, hoy también se requiere actuar en consonancia con los retos de nuestro tiempo que nos pide a los cristianos nuevos métodos y nuevas expresiones para seguir caminando en el seguimiento de Jesucristo, sin complejos y sin cobardías. Y todo en asociación o asociado con los sufrimientos y padecimientos de Jesucristo que es lo específico de toda penitencia, mortificación y ayuno.
La ejercitación, como el atleta que se entrega a cuidar su cuerpo para conseguir el fin que es la victoria, es un símil que ayuda a comprender lo que es la mortificación en la vida cristiana. Tanto el atleta como el creyente han de llevar una vida de austeridad para que los músculos, en uno, le ayuden a apostar con buen resultado en su carrera y ascesis, en el otro, le ayuden a vivificar su experiencia de hondo calado espiritual.
Los actos externos de penitencia y mortificación son una ayuda y un signo de la conversión interior del espíritu. La virtud de la penitencia -decía Pablo VI- se ejercita por el cumplimiento de los deberes del propio estado, por la aceptación de las dificultades que acompañan al ejercicio de la profesión y la convivencia humana, así como por la aceptación paciente de los sufrimientos inherentes a la vida humana.
Todo acto de penitencia, ayuno o mortificación ha de tener dos motivaciones fundamentales: hacerlo por verdadero amor de Dios y aplicar la solidaridad fraterna con los más necesitados. La Iglesia nos invita encarecidamente y obliga, en este tiempo de Cuaresma, a vivir la abstinencia y el ayuno en momentos concretos como es el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo; los viernes cuaresmales se ha de guardar la abstinencia. Es importante vivirlo con las motivaciones antes expuestas para que nazcan de un corazón convertido a Dios y lleno de caridad hacia los hermanos que están a nuestro lado y de modo especial a los más necesitados.
A veces se ha perdido este sentido del tiempo cuaresmal por las circunstancias que nos rodean que son materialistas y hedonistas. Ahí se demostrará si somos o no verdaderos cristianos. No lo tenemos fácil a la hora de poder testificar el don de la fe que nos lleva a obrar en consecuencia, pero es nuestro reto más genuino. El cristiano o se plantea la vida como discípulo de Jesucristo o su experiencia se convierte en una falacia, en una mentira existencial.

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