Homilía en la Misa de envío a los jóvenes para la JMJ en Madrid

Queridos jóvenes:

Hoy es un día grande, un día donde todos miramos a una Madre: La Virgen María. En ella se muestra la mayor belleza que Dios ha podido realizar. Dios ha querido escoger a María para que el Hijo de Dios se hiciera presente entre nosotros. Gracias a su humildad y disponibilidad “se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas” (Ap 11, 19) y el Hijo de Dios se encarnó en el seno de tal Madre por la fuerza del Espíritu Santo. La Virgen, con humildad, proclama la grandeza de Dios y se alegra en su espíritu porque el Salvador ha colmado de gracias y de dones al género humano.

Queridos jóvenes que os preparáis para la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, os invito para que estéis dispuestos a vivir desde este momento con la humildad y disponibilidad de creyentes en Jesucristo. María, la Virgen, os enseñará a recibir y vivir estos momentos, de gracia especial, que señalarán vuestras vidas con el sello indeleble del amor de Dios.

Para conseguir vivir desde la humildad y desde la disponibilidad que es la entrega de uno mismo al Señor, se requieren dos condiciones previas: La confianza en la palabra de Dios y ser personas de oración.

1.- Durante estos días la ciudad de Madrid va a ser una gran “Casa de oración y de promoción cristiana”. La palabra de Dios resonará en todos los momentos y por todas las esquinas de Madrid. Todo está preparado para vivir la fiesta del amor de Dios en medio de nosotros. Pero no olvidéis que quien nos va a llevar de su mano será María, la Virgen, y nos hablará a nosotros, nos invitará a conocer más la palabra de Dios, a amar la palabra de Dios, a vivir con la palabra de Dios y a pensar con la palabra de Dios. Ella nos ayudará a tener mayor confianza en la palabra de Dios. El papa Benedicto XVI, como portavoz y vicario de Jesucristo, nos afianzará y confirmará en la fe. ¡Confiad en la Palabra de Dios! ¡No os fiéis de otras palabras!

“María vivía la palabra de Dios; estaba impregnada de la luz divina; por eso era tan espléndida, tan buena; por eso irradiaba amor y bondad… Quien piensa con Dios, piensa bien; y quien habla con Dios, habla bien, tiene criterios de juicio válidos para todas las cosas del mundo, se hace sabio, prudente y, al mismo tiempo, bueno; también se hace fuerte y valiente, con la fuerza de Dios, que resiste al mal y promueve el bien en el mundo” (Benedicto XVI, Castelgandolfo, 15 de agosto 2005).

2.- Pero para conocer la palabra de Dios, al estilo de María, hemos de escuchar a Dios en la oración que es una amistad profunda con el mejor Amigo: él me ama y yo le amo. La oración es una experiencia de amor y de canto de glorificación a Dios. “Proclama mi alma la grandeza del Señor” (Lc 1, 47). Proclamar la grandeza del Señor significa darle espacio en el mundo, en nuestra vida, permitirle entrar en nuestro tiempo y en nuestro obrar: esta es la esencia más profunda de la verdadera oración. “Donde se proclama la grandeza de Dios, el hombre no queda empequeñecido: allí también el hombre queda engrandecido y el mundo resulta luminoso” (Benedicto XVI, Santuario Mariano de Altötting, 11 de septiembre 2006).

Si queremos proclamar la grandeza del Señor hemos de dejar todo al juicio de Dios y como María mirándole cara a cara decirle: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). No querer afirmar ante Dios nuestra voluntad y nuestros deseos, por muy importantes o razonables que nos parezcan, sino presentárselos a él y dejar que él decida lo que quiera hacer.

Las jornadas que pasaremos en Madrid nos van a ayudar para reafirmar nuestra vocación o dar el paso para que Dios nos muestre el camino a seguir. Seamos generosos como María y encontraremos la felicidad plena. La vocación no es una conquista personal e individualista, es el celo amoroso de Dios que nos hace más pertenencia suya, más libres y más auténticos. ¿Sientes ser sacerdote? Dile: “Sí, ¡aquí estoy!” ¿Sientes ser consagrado en la vida religiosa? Dile: “Sí, ¡aquí estoy!” ¿Sientes vivir en matrimonio cristiano? Dile: “Sí, ¡aquí estoy!” No tengas miedo puesto que, si eres generoso y con disponibilidad confiada ante Dios, madurarás y avanzarás en la vida.

Que la Virgen María nos ayude a decir: ¡Señor Jesús, confío en ti, ayúdame a seguir tu voluntad! ¡Aquí me tienes, para hacer lo que tú quieras!