La Misa del domingo

Ante las distintas opiniones que corren y van, a veces no se tiene la idea clara sobre si la ausencia de participación en la Misa dominical es pecado o no lo es. ¿Se falta gravemente cuando uno deliberadamente y habitualmente no va a Misa los domingos o fiestas de precepto?

Agradezco que me haga esta pregunta porque en muchos momentos lo he comunicado a los sacerdotes y catequistas: la importancia de la celebración del domingo y ésta desde la participación en la Eucaristía.

El Catecismo de la Iglesia Católica, que debe ser nuestro modo de pensar como cristianos y nuestra directriz de vida cristiana, nos dice: “La Eucaristía del domingo fundamenta y confirma toda la práctica cristiana. Por eso los fieles están obligados a participar en la Eucaristía los días de precepto, a no ser que estén excusados por una razón seria (por ejemplo, enfermedad, el cuidado de niños pequeños) o dispensados por su obispo propio. Los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave”. (Nº 2181).

Las razones son muy sencillas y hemos de tenerlas presentes en nuestra vida espiritual. ¿Qué me diría Ud. si no tomara los alimentos suficientes para sustentarse? Se moriría. Lo mismo sucede análogamente en nuestra vida en lo que se refiere a su esencialidad espiritual. La Eucaristía es centro y culmen de la vida cristiana. Además es el signo de la unidad y el vínculo de la caridad como se afirma. El sacramento por excelencia del cristiano es la Eucaristía. Sin la participación en la Eucaristía, la vida cristiana, se debilita y hasta se puede perder.

A veces no es posible, por diversas circunstancias, participar en la Eucaristía. En esos momentos no hay culpabilidad. En su lugar “cuando falta el ministro sagrado u otra causa grave hace imposible la participación en la celebración eucarística, se recomienda vivamente que los fieles participen en la liturgia de la Palabra, si ésta se celebra en la iglesia parroquial o en otro lugar sagrado conforme a lo prescrito por el obispo diocesano, o permanezcan en oración durante un tiempo conveniente, solos o en familia, o, si es oportuno, en grupos de familias” (Código de Derecho Canónico, 1248,2).

De ahí que cuando hay ausencia de sacerdote, está previsto que haya personas laicas o de vida consagrada que puedan dirigir momentos específicos de oración escuchando la Palabra de Dios y después distribuir la sagrada Comunión que está reservada en el Sagrario. No obstante siempre se tiene la posibilidad de asistir a la celebración de la Eucaristía con los medios de transporte que hoy tenemos. Tal y como está nuestra Diócesis nadie puede justificarse de la ausencia de la Eucaristía dominical. Sólo impedimentos de enfermedad o de otras causas graves son justificables.