Damos la bienvenida a nuestro Obispo Auxiliar

Felicito al nuevo Obispo Auxiliar, Mons. Juan Antonio Aznárez Cobo, por su entrega generosa en la Iglesia y por haber aceptado el nombramiento del Papa Benedicto XVI. Después de más de dos meses esperando ser ordenado obispo de la Santa Iglesia como sucesor de los apóstoles ya ha llegado su día. Es bueno recordar y exponer cuál ha de ser la labor que juntos realizaremos en esta querida Diócesis en Navarra.

El Código de Derecho Canónico dice: “Cuando lo aconsejen las necesidades pastorales de una diócesis, se constituirán uno o varios Obispos auxiliares, a petición del Obispo diocesano…” (CIC 403). Éste fue el deseo que expresé al Santo Padre Benedicto XVI: tener la posibilidad de ayuda, compartiendo trabajos al unísono, con un Obispo Auxiliar. Lo más hermoso en la Iglesia es el sentido de la comunión y de la unidad. Bien merece nuestra diócesis que podamos seguir mostrando lo que es y significa la comunión apostólica. No hay otra razón u otras razones. Simplemente sentí, en mi labor de pastor, poder vivir esta comunión y así compartir lo mejor posible el servicio ministerial a favor de la salud espiritual y santificación de todos nuestros fieles diocesanos. Que nadie quede excluido por falta de tiempo o dedicación o por falta de presencia.

Nos queda mucho que recorrer en este momento histórico y en estas circunstancias de restauración evangelizadora y espiritual. El curso que iniciamos tiene un hito fundamental: profundizar en nuestra FE. No son tiempos de muchas bonanzas, pero no hemos de claudicar y menos depreciar lo que el Señor nos quiere decir. Los signos de los tiempos, como decía el Concilio Vaticano II, no han de pasar de largo; en ellos encontramos una trama divina de la que ya nos advierte el evangelio y de ahí que la nueva evangelización ha de favorecer todo lo posible para que sea un momento de conversión y de renovación. Nada hay extraño a Jesucristo puesto que él ha venido a dar sentido a todo, es más, nos ha llevado a la plena libertad: a la Salvación. Sólo desde él se entiende ser libres, porque el pecado nos ha hecho esclavos. Liberarnos de él, es la gran libertad de los hijos de Dios.

Desde esta perspectiva todo lo humano y natural (social, económico, ambiental…) tiene sentido. Una gran decepción provocan las ideologías relativistas que llegan a propiciar la amargura y el trauma existencial en las personas. Todo se esfuma como si de fuegos artificiales se tratara. Al aumentar la desesperanza, la desilusión de vivir y la construcción de “la casa sobre arena” o uno se pertrecha de vida profunda y espiritual en algo más trascendente o fenece inútilmente en el intento. Todos tenemos no sólo nostalgia de infinito sino también una sed de infinito. “El hombre es una creatura de Dios. Hoy esta palabra, creatura, parece casi pasada de moda: se prefiere pensar al hombre como un ser cumplido en sí mismo y artífice absoluto del propio destino” (Benedicto XVI).

La labor pastoral que nos viene exigida por los interrogantes de hoy, requiere mayor entrega para enseñar, santificar y guiar al Pueblo de Dios. Nuestra labor, como obispos, será anunciar, testificar y visitar todas las realidades de la diócesis; que a nadie le resulte extraña la Iglesia. Los sacerdotes primeros colaboradores, los niños, los jóvenes, las familias, los agentes de pastoral, los consagrados en sus diversos carismas, los ancianos, los ámbitos diversos y plurales que conforman nuestra diócesis requieren una presencia mayor del obispo para confirmar en la fe, esperanza y caridad. Baste pensar en la visita pastoral que se ha realizado a la zona de La Ribera; lo que ésta ha supuesto y lo que ésta alienta en el camino, de la vida creyente, sólo Dios lo sabe.

Concluyo con un texto del Concilio Vaticano II: “Los Obispos deben dedicarse a su labor apostólica como testigos de Cristo ante los hombres, no sólo interesándose por los que ya siguen al Príncipe de los Pastores que es Jesucristo, sino consagrándose totalmente a los que de cualquier modo perdieron el camino de la verdad o desconocen el Evangelio o la misericordia salvadora de Cristo, hasta que todos caminen en toda bondad, justicia y verdad” (Ef 5, 9) [nº 11]. Rogad a Dios por nosotros para que este mensaje se haga realidad.