Encender el fuego del amor divino en el mundo

1.- Recordamos con gozo y esperanza la beatificación que se celebró el día 21 de octubre de este año en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona. Fue un momento muy emotivo y fraterno al constatar la entrega generosa de los CIENTO NUEVE claretianos, hasta dar la vida por amor a Jesucristo. San Antonio María Claret decía: “Un hijo del Inmaculado Corazón de María… es un hombre que incesantemente se dedica a encender el fuego del amor divino en el mundo. Nada lo detiene”. Es pararse en este reto que propone Claret que uno entiende mejor la educación que dio a los discípulos que lo seguían. Los santos nos sorprenden porque sus métodos educativos y consejos espirituales no se acomodan a lo fácil y a lo que la moda impone. Se salen de esos esquemas para manifestar que sólo hay una razón en la vida y es la de amar a Dios y afianzarse sólo en él.

La alegría ante las próximas fiestas de la Navidad es como el carácter o el modo de ser propio del cristiano. Si no hay gozo y alegría la vida pierde su aroma y esencia. “Estad siempre alegres. Orad sin cesar. Dad gracias por todo, porque eso es lo que Dios quiere de vosotros en Cristo Jesús. No extingáis el Espíritu, ni despreciéis las profecías; sino examinad todas las cosas, retened lo bueno y apartaos de toda clase de mal” (1Tes 5, 16-22). Este estilo de vida lo han realizado los beatos mártires claretianos a quienes recordamos y agradecemos su fidelidad a pesar de las dificultades. El mismo San Pablo nos recuerda que no queriendo que se enfriara la gracia del Espíritu que se nos ha dado, nos exhorta a no apagar al Espíritu. Los discípulos y los mártires así lo viven. Ellos manifiestan que identificarse totalmente con Cristo es lo primordial y lo único para no apagar al Espíritu. El Espíritu no está a merced del poder de los hombres, puesto que los malvados y los ingratos demostraron querer apagarlo, pero no tuvieron nada que hacer con los mártires. Por más que insistieron en apagar el Espíritu en sus vidas no lo consiguieron.

2.- La espiritualidad de San Antonio María Claret es muy diáfana y dice: “El cristiano que desea seguir a Jesús con su cruz debe tener en cuenta que el nombre cristiano significa aprendiz o imitador de Jesucristo y que si desea llevar dignamente ese noble título, debe hacer sobre todo lo que Cristo nos encomienda en el Evangelio: debemos oponernos o negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz y seguirle”. Los CIENTO NUEVE misioneros que murieron dando la vida por ser religiosos y perdonando a sus asesinos, fueron misioneros con todas las consecuencias. Ante tal ejemplo nos interpela a cada uno de nosotros: ¿Estamos dispuestos a dar la vida por la fe? ¿Estamos dispuestos a ser tachados de herejes sociales tal y cómo muchas veces nos insinúan y agreden verbalmente? ¿Estamos dispuestos a defender la verdad, la justicia, el amor y la misericordia como nos pide Cristo? Hace unos meses estuve en un simposio de Obispos cerca de Turín (Italia) y el obispo de Bagdad (Irak) me decía: “Nuestros cristianos mueren mártires simplemente por defender la fe. Mientras tanto en Europa apostatáis con facilidad porque es lo políticamente correcto. Os dejáis llevar por la corriente del secularismo”.

En este domingo de la alegría (Gaudete), la Palabra de Dios nos anima y alienta para dar testimonio de la Luz puesto que Jesucristo es la Luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Los santos insistentemente nos recuerdan que la luz brilla y las tinieblas la anulan. “Puede ser que haya unos corazones insensatos, todavía incapaces de recibir esa Luz, porque el peso de sus pecados les impide verla; que no piensen, sin embargo, que la Luz no existe porque no la pueden ver: es que ellos mismos, por sus pecados, se han hecho tinieblas. Es como un si ciego está frente al sol. El sol está presente, pero el ciego está ausente del sol” (San Agustín, In Ioannis Evangelium, 1, 19). A veces los engaños son muy sutiles y se cubren de falsos racionamientos: ¡Esto es imposible de hacer! ¡Nos hemos de acomodar a los tiempos modernos! ¡La sociedad nos demanda ponernos al ritmo de la mundanización!… Es curioso constatar que en estos momentos hay estudios que están realizando en Universidades Americanas, expertos en sicología, sobre los adolescentes en crisis y se preguntan si no es ya es necesario recuperar la religión. Los suicidios han aumentado y más del 10% de los jóvenes está tomando antidepresivos. La Luz siempre es la luz y no está al socaire de lo que demandan otras circunstancias. Por eso más se está demandando una evangelización clara y apoyo como luz en el camino.

3.- Los mártires podían haber hecho un acto de sumisión ante sus verdugos y se podían haber acomodado a sus instancias y sin embargo prefieren morir a pesar de las risas y burlas de los que les rodean. Siguen las enseñanzas del Maestro: “Que Él, Dios de la paz, os santifique plenamente, y que vuestro ser entero –espíritu, alma y cuerpo- se mantenga sin mancha hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1Tes 5, 23). Ante las circunstancias que nos toca vivir actualmente un día me abordó un gran conocedor de las leyes humanas y me dijo con firmeza: “Hoy quien tiene las mejores respuestas, ante tantos interrogantes que surgen, es el cristianismo”. Me quedé pensando y reflexionando ante tal afirmación. Posteriormente deduje que tenía razón. Nos pueden venir ciertos complejos que no son justos. Los beatos mártires no se acomplejaron ni se infravaloraron, siguieron el consejo de San Antonio María Claret: “Que nada ni nadie nos arredre, Señor. Que nos gocemos en las privaciones. Que abordemos los trabajos, que abracemos los sacrificios. Que nos complazcamos en las calumnias y nos alegremos en los tormentos”.
Este tiempo nos apremia y no podemos dejar que pase inútilmente. Es tiempo de gracia y tiempo de espera para anunciar la Buena Noticia de la Salvación que alcanza su plenitud en Jesucristo. De ahí que hemos de saber lo que nos espera para que nuestro quehacer diario sea para la gloria de Dios y para como decía el P. Claret: “Que te ame y te haga amar. Que te sirva y te haga servir. Que te alabe y te haga alabar”. Llevemos en el corazón una oración y una petición por todos los que pertenecéis a esta gran familia del Inmaculado Corazón de María. Que ella sea la mejor Madre y Maestra en vuestros trabajos y en vuestras labores apostólicas. No os dejéis llevar por el desánimo ante las circunstancias adversas que se os presenten. Tal vez hay muchas preguntas que os formuláis pero siempre pensad que la Providencia sabe lo que necesitáis y la Virgen María a la que tanto rezaba el P. Claret y que decía:”No ha habido santo ni persona distinguida en saber y virtud, ni comunidad observante, ni seminario bien ordenado, que no haya tenido devoción al Rosario”. Que sigáis ardiendo en caridad y encendidos en el fuego de amor por donde paséis.