Obispos Misioneros Navarros

Vivimos en el año jubilar de San Fermín

1.- Nos encontramos en esta Capilla que durante todo el año Jubilar está mostrando la grandeza de la fe y en este caso de San Fermín que supo vivir para Dios y entregarse a los demás sin restricciones o exclusiones de ningún tipo puesto que sólo le movía el Evangelio de Jesucristo. Superó lo “políticamente correcto” de aquella época poniendo como raíz de su vida: el seguimiento, sin miedos o temores, de amor a Jesucristo. Murió martirizado puesto que no se asoció a las propuestas del Gobernador que le ponía como condición -para seguir con vida- si apostataba de la fe. Prefirió ser fiel a la enseñanza de Jesucristo y de su Iglesia, a dejarse manejar por la ideología idolátrica de turno.

Hoy gozamos con la presencia de estos hermanos en el Episcopado que están fuera de nuestras tierras navarras, como misioneros de la esperanza, en varias diócesis de América Latina y de África. La razón de estar aquí ha sido muy sencilla y que oíamos en la primera carta de San Juan: “Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, conforme al mandamiento que nos dio” (1Jn 3, 23). Y al celebrar el Jubileo de San Fermín hemos pensado invitar a nuestros obispos navarros y ¡aquí los tenéis! Es un signo de comunión y de agradecimiento. De comunión porque estamos unidos a la Vid que es Cristo (cfr. Jn 15, 5). “Ni podemos amarnos los unos a los otros con rectitud sin la fe en Cristo; ni podemos creer de verdad en el nombre de Jesucristo sin amor fraterno” (S. Beda, In I Epistolam Sancti Ioannis, ad loc.). De acción de gracias porque estos hermanos misioneros han salido de su tierra, que es Navarra, y han querido entregarse a la gente que necesita guías y Pastores para ayudar a los que están faltos de amor y por eso se han ofrecido con generosidad a ir donde la Iglesia les ha enviado.

2.- Por otra parte hemos de prepararnos para celebrar lo que el Papa Francisco nos ha propuesto: el mes misionero extraordinario en octubre 2019, “con el fin de despertar aún más la conciencia misionera de la misión a todas las gentes y de retomar con un nuevo impulso la transformación misionera de la vida y de la pastoral. Nos podremos disponer para ello, también durante el mes misionero (de octubre de este año 2018), para que todos los fieles lleven en su corazón el anuncio del Evangelio y la conversión misionera y evangelizadora de las propias comunidades” (Carta, Vaticano, 22 de octubre de 2017).

El hecho que estén nuestros hermanos obispos misioneros hoy aquí presentes es para reforzar todo un recorrido –como signo misionero- que ha de caracterizarnos ante este reto que nos propone el Papa Francisco. No olvidemos lo que nos dice el Evangelio de hoy: “Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se os concederá. En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto y seáis discípulos míos” (Jn 15, 7-8).

Para vivir este tiempo misionero con mayor hondura hay propuestas prácticas que nos ayudarán: -Intensificar el diálogo con Dios en la oración que es el alma de toda misión. –Anunciar como testigos el Evangelio con apertura y profundizando en la Palabra de Dios. –Poner las Obras de Misericordia y las acciones concretas de colaboración y de solidaridad entre las Diócesis. –Y avivar el espíritu misionero con entusiasmo y que nadie nos lo robe.

Que la Virgen María (y en este día bajo el manto de la Virgen de Ujué) nos ayude a vivir con alegría y gozo este momento de la vida y que Ella cuide de todos para que siendo fieles al designio de Dios que ha marcado en cada uno de nosotros, seamos testigos vivos y valientes en el quehacer de cada día, en el nombre del Señor al que estamos unidos como el sarmiento a la Vid.