Sor Catalina Irigoyen

Beatificación de la navarra Sor Catalina Irigoyen

La navarra, Sierva de María, Sor María Catalina Irigoyen Echegaray, fue beatificada el pasado 29 de octubre en la Catedral de la Almudena de Madrid, en una celebración presidida por Mons. Angelo Amato, Cardenal Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

El pasado sábado 29 de octubre, tuvo lugar en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena la misa de beatificación de la Sierva de María Sor Catalina Irigoyen. La celebración fue presidida por Mons. Angelo Amato, Cardenal Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, representante del Santo Padre Benedicto XVI para la Beatificación, y concelebrada por numerosos obispos y arzobispos, entre los que se encontraba Mons. Francisco Pérez.

A la ceremonia asistieron unas 600 religiosas de las Siervas de María, con su Consejo General, encabezadas por la Madre Piedad Fernández, Ecónoma General de las Siervas de Jesús; la Madre Rosa María Corral, Superiora Provincial de Madrid; la Rvda. M. Juliana Santacruz, Superiora General de la Obra Misionera de Jesús y María; y María Encarnación González Rodríguez, Directora de la Oficina para las Causas de los Santos. También acudieron numerosos navarros.

Ésta ha sido la primera beatificación que se celebra en la diócesis de Madrid, y en concreto en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena.

El milagro por el que sube a los altares ocurrió en el año 2004, cuando el doctor boliviano Luis Fernando Padilla Gómez fue sanado con una curación milagrosa, rápida y sin secuelas.

Sor Catalina Irigoyen Echegaray nació en Pamplona el 25 de noviembre de 1848. En 1878 solicita la admisión en el Instituto de las Siervas de María, fundado por Santa María Soledad pero al enterarse ésta de que tenía familiares enfermos, le aconseja que primero cuide de los suyos. Finalmente, ingresa en la Casa de las Siervas de María de Pamplona el 31 de diciembre de 1881 a la edad de 33 años y entra como novicia en las Siervas de María en Madrid donde emite su profesión perpetua el 15 de julio de 1889. Tras 23 años dedicados al servicio a los enfermos, pasa a ocuparse de la recogida de donativos para la subsistencia de la Obra durante siete años.