Semblanza de José Manuel del Portillo

Ha llegado la inesperada muerte de José Manuel del Portillo. A muchos de nosotros, familiares y amigos, especialmente condiscípulos, nos ha impactado. Ha sido una separación dolorosa. Una breve enfermedad ha podido con su vida.

El 4 de mayo ingresó en la Clínica Universidad de Pamplona, trasladado con grandes dolores de columna tras una caída. Tenía una vértebra rota. Y junto a ella una fuerte infección. Y le fallaba el corazón. Un panorama complicado. Necesitaba marcapasos, que no se lo podían poner hasta que superara la infección. No podía moverse. Cualquier movimiento le causaba un dolor insoportable. Pero en esa angustiosa situación estaba esperanzado. Y nos hacía continuas alabanzas de las atenciones que recibía en la Clínica Universidad de Navarra de parte de los médicos, enfermeras y auxiliares. Estoy en buenas manos, decía.

El 25 de mayo, superada la infección, le colocaron el marcapasos tras una delicada intervención. Tenía que reponerse de ella, para que le hicieran una grave e importante operación de columna. Pero… esa misma noche rechazó el marcapasos, bajó su tensión y quedaron inactivos sus riñones. Sólo seis días de extrema gravedad han acabado con su vida. José Manuel ha muerto el 30 de mayo de 2012. Su funeral se celebró en la Capilla del Seminario Conciliar de Pamplona y fue presidido por nuestro Sr. Arzobispo, Mons. Francisco Pérez; y concelebrado por unos cuarenta sacerdotes.

José Manuel había nacido en Mañeru el 3 de octubre de 1931. Hijo de Jesús del Portillo Goiecoechea, de Allo, y de Olegaria Silvestre Goicoechea, de Mañeru. Fue bautizado en la parroquia de San Pedro, de Mañeru, el día 5 del mismo mes, a los dos días de nacer, por su tío sacerdote don Florencio Silvestre, párroco de Adiós. Allí fue confirmado antes de cumplir 3 años, como se hacía en aquellos tiempos. A los 12 años ingresó en el Seminario Conciliar de Pamplona. Pertenecía a nuestro curso: “El Avalancha”. Fue buen compañero, apreciado y querido, con un trato fino, siempre muy educado.

En la Capilla del Seminario, donde celebramos su funeral, fue ordenado sacerdote junto con nosotros, 39 condiscípulos. Fue para nosotros una gracia especial recibir la ordenación sacerdotal en esa Capilla, lugar tan sagrado, de tantas Eucaristías vividas con fervor, de tantas horas de oración en amistad con Jesús, de tantas oraciones y cantos a María.

Aquel mismo día recibió el nombramiento de Coadjutor de Miranda de Arga, a donde fue con otro condiscípulo, ya difunto, José Antonio González, a colaborar con Pascasio Osácar. A los 2 años fue nombrado coadjutor de Falces, con el párroco Gregorio Ederra. También estuvo 2 años. De aquí fue a estudiar a Salamanca, donde se licenció en Derecho Canónico. Al venir, fue nombrado párroco de Murillo el Cuende. Allí preparó las oposiciones a Capellán Castrense que las ganó. Y el 8 de noviembre de 1962, recién inaugurado el Concilio Vaticano II, fue destinado Capellán Militar a Santa Cruz de Tenerife, al Grupo Regional de Sanidad del Regimiento Mixto de Ingenieros. Algunas temporadas estuvo en Las Palmas de Gran Canaria y en Fuerteventura. En 1986 fue destinado al Hospital Militar de Barcelona, pasando algunas temporadas en Ronda, San Sebastián y Jaca. Se retiró de Capellán Militar activo, jubilándose en septiembre de 1991.

Estaba contento de haber ejercido su sacerdocio ministerial al servicio de los militares, de haberlos atendido a ellos y a sus familiares en sus enfermedades y de haber preparado a muchos jóvenes para recibir la confirmación o el matrimonio. Ha sido Capellán Militar 28 años y 10 meses.

Ya retirado, vino a Pamplona y ha vivido 20 años en su piso del barrio de San Juan, pero en contacto constante con su familia y sus amigos sacerdotes, especialmente con los condiscípulos. Calladamente les suplía en la celebración de la Misa. En Septiembre del 2011 fue a la Residencia Sacerdotal del Seminario y ha convivido en ella 9 meses. Éste ha sido su gran afán de estos 21 años de jubilado: visitar mucho y convivir con condiscípulos. Semanalmente comía con alguno de ellos, semanalmente comía con familiares y semanalmente comía con el grupo de amigos y lo hacían en Obanos; esto, hasta el mes pasado.

“Que descanses en paz, José Manuel, en la paz del Señor”. Estoy seguro que tu deseo sería que tu funeral fuese en un clima festivo de alegría y gozo pascual. Porque lo celebramos con la firme esperanza de que Cristo Sacerdote te habrá acogido. Esperamos que Cristo resucitado te habrá abrazado; y deseamos que estés gozando del encuentro con el Señor. Fue la Eucaristía de su funeral de acción de gracias, de adoración y alabanza a Dios. Y también de aliento e impulso para que preparemos nuestro paso hacia Dios los que somos mayores como José Manuel.

Victorino Aranguren