Vigilia misionera de Pentecostés

La noticia cundió rápida de boca en boca en todo el pueblo de Yesa. La víspera del domingo de Pentecostés se celebraría algo bonito e inesperado en el ámbito religioso: la celebración de una vigilia misionera dedicada al Espíritu Santo. A las 8 de la noche y con tiempo apacible se celebró este emocionante encuentro religioso. Fueron los jóvenes y los niños los verdaderos protagonistas en la liturgia dedicada al Espíritu Santo. Los primeros en llegar fueron los jóvenes, 6 adolescentes que el próximo día 7 de julio recibirán el sacramento de la Confirmación en esta iglesia de Yesa. Siguieron los niños, numerosos por cierto, y los adultos en buen número. Dio inicio la ceremonia bendiciendo el agua que serviría para asperger, acto seguido, a los presentes bajo una advocación trinitaria recitada por el sacerdote del pueblo, Javier Rico: “Te alabamos, Dios Creador, que por el agua y la fuerza del Espíritu diste forma y figura al hombre y al universo. Te alabamos, oh Cristo, que de tu costado abierto en la Cruz, hiciste manar sangre y agua. Te alabamos, Espíritu Santo, que con tu potencia impetuosa haces de nosotros hombres y mujeres nuevos, testigos del Señor Resucitado”.

En la vigilia hubo recogimiento, religiosidad, emoción, unción. Celebramos Pentecostés abarcando, a través de la oración, los continentes de Europa, África, Asia, América y Oceanía. Todos unidos en un mismo espíritu misionero. Utilizamos el símbolo de la paloma pintada en distintos colores para significar el mensaje de la paz mundial. Los niños agitaban estas palomas de papel que al final eran soltadas al cielo, simbolizando la libertad y fraternidad universal.

Los adolescentes fueron los que llevaron al teatro, improvisando en un diálogo religioso, la espera en el Cenáculo de la llegada del Espíritu Santo. María, en el centro del Colegio Apostólico, iba desgranando pensamientos de amor divino que impresionaban a todos los presentes. Hermanas misioneras Identes, recién llegadas a Javier desde la India, representaron la danza de la luz, visualizando los dones del Espíritu Santo y la acción de esta Persona Divina en el corazón de los fieles. También los niños enriquecieron la fiesta. Un grupo de ellos presentaba a los fieles “pequeñas semillas del Reino”, significando los frutos del Espíritu Santo. Estas semillas están llamadas a germinar, más tarde, a fructificar, saciando así el hambre de Dios que padece siempre el ser humano.

Por último escuchamos un pasaje del evangelista Juan que nos recuerda la necesidad de ser apóstoles de nuestro tiempo. Dice el Señor: “Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros… Id por todo el mundo y haced a todos discípulos míos” (Mc 16).

La ceremonia finalizó rezando juntos el Padrenuestro e implorando la bendición a la Santísima Trinidad. Muchos de los presentes nos preguntábamos con interés: ¿Quién es en verdad el Espíritu Santo? Quizás sea el Amor del Padre y del Hijo que vive en nuestros corazones y a quien debemos permitirle que actúe en nuestras vidas, para que irradie su luz, su fuerza y su Santidad en todo lo que hacemos. Sólo así se hará presente entre nosotros el Reino de Dios que es siempre la iglesia de Jesucristo, la iglesia de hoy y del mañana.

Los Misioneros Identes del Centro Diocesano de Javier