Aicua

Relevo en “Misión Diocesana”

Después de 56 años de la fundación de la Misión Diocesana, en la misma fecha y fiesta de San Francisco Javier (3-XII-2014) se hacía el relevo del  responsable de Misión Diocesana, en José María Aícua Marín, siguiendo la labor de sus antecesores D. Carmelo Velasco (1958- 1994); D. Javier Idoy y D. Valentín Eguílaz (1998-2014).

Con este último nombramiento de Navarra quedan unificadas en todas las diócesis de España la Misión Diocesana en las Delegaciones y delegados diocesanos correspondientes.

Aparece que fue ayer, cuando en 1958 el obispo D. Enrique Delgado Gómez se comprometió a que la diócesis de San Fermín fuera en breve “Diócesis Misionera”, con responsabilidad y organización propia. Nacía así la ”Misión Diocesana” de sacerdotes y laicos. La novedad estaba en ser enviados por grupos diocesanos, “en nombre de la diócesis” y por su obispo, lo que se llamó entonces “Grupos Javier”. Toda la diócesis quedaba comprometida en estas misiones, dando tantos frutos en Ruanda, Ecuador, Venezuela, Chile etc… Todo ello unidos y distintos a la vez de otras ricas vivencias misioneras diocesanas como la OCSHA (Obra Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana), el IEME (Instituto Español Misiones Extranjeras) y la misión de los capellanes en Europa.
No podemos olvidar, por su gran número, a los misioneros enviados a través de los más de 120 grupos de congregaciones misioneras y movimientos eclesiales, entre ellos el “Camino neocatecumenal” con la novedad de familias misioneras.

Destacamos de los últimos años de Misión Diocesana: la labor evangelizadora y de promoción social a través de los proyectos de cooperación al desarrollo con Ayuntamiento y Gobierno de Navarra venidos a menos con al crisis; el descenso del relevo generacional, tanto en sacerdotes como en laicos/as; la revista NEXO, lugar de comunicación misionera, mantenida desde su origen hasta hoy, con gran acogida de los misioneros y acompañada actualmente con  nuevas páginas Web e Internet; la obra histórica del libro “50 AÑOS DE MISION DIOCESANA. Una Iglesia comprometida con los más pobres (1958-2008)” coordinado por Valentín Equilaz y Pilar Ripa, escrita con rigor histórico, fuentes documentales y testimonios vivos de la misión.

A partir de ahora queda “unida toda la animación misionera”: Obras Misionales Pontificias (O.M.P: Campañas del Domund, Infancia Misionera, Vocaciones Nativas), la Delegación diocesana de Misiones y dos secciones autónomas: Misión Diocesana y Javieradas. La sede estará ubicada en la tradicional Delegación de Misiones, en la planta baja del Arzobispado, abierta por las mañanas.

Seguimos sintiendo la llamada y el envío misionero de hoy en tres grandes desafíos:

1º. La gratitud y reconocimiento a tantos sacerdotes y laicos/as que dieron buena parte se vida en la misión y que hoy han vuelto a sus tareas pastorales ordinarias. Lo que a veces hemos llamado “misioneros retornados”. Tan elevada es su media de edad como su ardor pastoral y misionero. Otros rezan en silencio. Otros sienten todavía  el “orgullo de  ser misioneros navarros”. A veces sus testimonios nos sobrecogen por su alegría y fuerza interior.

2º La reorganización y acompañamiento personal de los misioneros mayores que quedan en América.

3º La elección y prioridad de nuevas propuestas misioneras diocesanas, realistas, ilusionantes, a la medida de hoy, para un pequeño grupo de nuevos sacerdotes, laicos/as y voluntariados en la próxima década, apoyados, con en sus orígenes, por una iglesia diocesana misionera. Con memoria agradecida, sin añoranzas, aunando todas las fuerzas hacia delante, para construir juntos, lo que hemos llamado “la misión: tarea de todos”.

Esta tarea, difícil y hermosa, saldrá adelante si tenemos unas comunidades eclesiales vivas. Cada semana vivimos en nuestras parroquias, en la catequesis, con las familias, con nuestros curas, la grandeza del Evangelio y la debilidad  para deponerlo en práctica. Ilusión y realismo nos han de ayudar a querernos como somos, unidos y distintos a la vez.
Tenemos que animarnos integrando las fuerzas de todos: religiosos, sacerdotes jóvenes y mayores, profesores y catequistas, de distintas sensibilidades, unidos e ilusionados con nuestro obispo. Querer, acoger y acompañar lo grande y pequeño de cada día, con la certeza de que Dios es y está con nosotros y guía nuestras vidas.

Es el mismo Jesús, de ayer, de hoy y de siempre. El mismo que sedujo a San Francisco Javier a entregar su vida por todo el mundo. El mismo al que el Papa Francisco nos invita en “La Alegría del Evangelio”. Somos cada vez menos, una iglesia pequeña en un sociedad y familia plural, pero nada ni nadie nos podrá  quitar el tesoro del Evangelio, para creerlo, vivirlo y anunciarlo,  aquí y en el mundo entero.

Termino dando gracias por el testimonio coherente de tantos misioneros, hoy con cariño a los de Misión Diocesana. Con gratitud especial a Valentín Aguilaz, siempre orgulloso de ser sacerdote diocesano misionero navarro.

José María Aícua Marín, Delegado de Misiones