Mons. Arellano

Testimonio desde ecuador

Tras el terrible terremoto, de 7,8 en la escala Richter, que ha asolado el norte de la región costera de Ecuador, Mons. Eugenio Arellano, Obispo navarro en Esmeraldas, ha mandado una carta para agradecer la ayuda prestada por cientos de personas y organizaciones y mostrar la desolación del pueblo ecuatoriano.

En su carta informa que hasta la fecha, las pérdidas humanas ascienden a 654, los heridos a 2.850 y los desaparecidos a 1.200. Además, señala que los edificios, casas y escuelas destruidas en las poblaciones afectadas no tienen cuenta.

Pese a estos datos trágicos, Mons. Arellano agradece la labor de ACNUR por las carpas familiares que ha organizado en la zona. También destaca la solidaridad de todas las diócesis, movimientos apostólicos y parroquias, que “han ayudado muchísimo en estos primeros tiempos, ya que aportaron con generosidad alimentos y vituallas”. “La Iglesia ha estado muy presente con los damnificados a través de sus religiosas, que fueron las primeras en socorrer a la población y en improvisar albergues en las diferentes capillas”, señala en su carta. Y añade que “también los movimientos apostólicos se hicieron presentes ayudando a los damnificados”.
Ahora queda la labor de levantar todas esas casas, escuelas, hospitales, centros, etc. Que se han perdido en el terremoto. Mons. Arellano informa que la Iglesia, junto con UNICEF, está pensando en cómo ocupar a los niños y jóvenes de manera positiva y eficaz hasta que puedan volver a las escuelas.

Termina su carta señalando que pese a las desgracias y terribles historias personales, las familias manifiestan su confianza en Dios y tienen una gran esperanza. “La esperanza es la riqueza de los pobres”, concluye.