Villa Teresita

«Isabel Garbayo era una mujer sencilla, sensible de corazón y entregada a la voluntad de Dios»

Durante todo este año, Villa Teresita celebra el 75 aniversario de su fundación. Por este motivo hemos querido hablar con una de las personas que trabaja ahí. La navarra Conchi Jiménez es una religiosa de Villa Teresita, que actualmente trabaja en la casa de Valencia, con la que hemos charlada de esta institución creada por, la también navarra, Isabel Garbayo.

Conchi, ¿Cómo conociste Villa Teresita?
Te diré que por un papel. Yo vivía en Pamplona, porque trabajaba como enfermera en oncología pediátrica en la Clínica. Solía ir a grupos de Pastoral Universitaria y alguien de Villa Teresita, a la que yo no conocí, le dio a la responsable del grupo de Pastoral un folleto de un campo de trabajo, que tenía lugar en verano en Valencia. Yo no podía ir porque trabajaba pero guardé el papelito. Falleció Marta, una niña que estaba ingresada en la planta desde que yo había empezado a trabajar en la CUN y eso me hizo cuestionarme la vida. Yo no puedo estar sentada mientras la gente sufría tanto. Estudió enfermería porque tenía la necesidad de poder ayudar a la gente. Nunca pensé ser monja, pero sí irme de cooperante y ayudar a los pobres. En ese momento busqué el papelito y las llamé para ofrecerme de voluntaria y me dijeron que en ese momento no necesitaban pero que lo tendrían en cuenta. Ese verano me iba a ir con los hermanos de San Juan de Dios a Perú, como tenía que ir a hablar con ellos y me habían dicho que Villa Teresita estaba muy cerca, me acerqué a saludarles y a conocerlas. Me contaron cómo era su vida y lo que hacían y me encantó. Con motivo de un examen que tenía que hacer en Madrid me fui a conocer la casa que tiene allí y de camino fue leyendo un libro que se titulaba “Los santos del año 2.000”. Solo recuerdo una frase que decía “la vocación es el sueño de amor de Dios para cada uno de nosotros”. Cuando lo leí pensé que yo quería eres sueño que Dios tenía para mí. Estando en la casa viví una realidad muy dura, escuché historias de mujeres que habían sufrido muchísimo: desde abusos, violencia, prostitución, calle… Eso me desmontó. Después, al acompañarles a la calle y escuchar y conocer a esas mujeres me toco el corazón. Y estando en la capilla de la Casa, rezando en vísperas el himno, me entró un temblor y noté que eso era para mí. En ese momento yo tenía novio y no quería hacer mucho caso, pero al día siguiente en Misa, escuché la parábola de los talentos y allí lo vi claro. Se lo comenté a una de la comunidad y me dijo que volviera a casa y que si era vocación y era de Dios lo iría viendo. Y volví a casa y lo vi tan claro que al mes y medio entré en Villa Teresita. Y ahora que llevo casi 20 años puedo decir que realmente era mi sitio y mi vocación.

¿Qué es, exactamente, Villa Teresita?
Somos una comunidad de mujeres consagradas que intentamos vivir el Evangelio en medio de las realidades de exclusión de la gente que está en situaciones de marginación, especialmente de las mujeres que ejercen la prostitución, mujeres víctimas de trata. Intentamos vivir y convivir con ellas a dos niveles distintos. Por una lado saliendo a la calle, yendo a su encuentro como lo hacía Jesús, Buen Pastor, buen samaritano. Vamos a sus contextos: calle, clubs, centros de internamiento extranjero, hospitales, prisión, etc. Y desde ahí hacemos camino con ellas y vamos intentando que salgan adelante. Y el otro contexto es en la casa. Nuestra comunidad es comunidad compartida con mujeres que han vivido situaciones de exclusión o que han vivido la prostitución y comparten la vida con nosotros, mientras van haciendo un proceso de inserción para empezar una vida nueva.

¿Cómo surgió esta institución?
La iniciativa surgió en Pamplona. La fundadora fue Isabel Garbayo Ayala, que vivía en el Paseo Sarasate y desde el balcón, una vez a la semana veía pasar a un grupo de mujeres. En aquella época la prostitución estaba reglamentada, salían de las casas públicas, que solían estar en la zona de Descalzos, e iban a la policía a sellar el carnet de prostitutas y a hacerse un control sanitario. Ella les veía pasar, hacia las tres de la tarde, y le tocaba el corazón. Le preguntaba a su hermano quién eran aquellas mujeres y su hermano le decía que eran unas pobres mujeres y que rezara por ellas. Aquello a ella le tocó. Pero la gota que colmó el vaso, fue cuando en el hospital, que solía ir para apoyar a niños ingresados y visitar mujeres tuberculosas, escuchó unos gritos. Preguntó quién eran y la enfermera le dijo que eran unas malas mujeres. Ella dijo que las quería ver, porque las relacionó con las que veía desde su casa, y le dijeron que no. Pero al insistir tanto le dejaron entrar al pabellón donde estaban encerradas bajo llave por miedo al contagio de la sífilis. Al entrar las mujeres pensaron que sería una de ellas. Les dijo que quería ser amigas suyas y de ese modo fue creando una amistad. Comenzó a visitarlas y a crear una relación de amistad y cuando les daban el alta en el hospital y volvían a la casa pública iba a visitarlas ahí, lo cual suponía un escándalo porque Pamplona era una ciudad pequeña, y ella era de una familia conocida. De la relación con ellas y de sus conversaciones con ellas, en las que muchas le decían que no querían ejercer pero que no tenían donde vivir, surgió la idea de crear Villa Teresita. Cuando Isabel les planteaba poder ir a una casa que fuera como un hogar donde formarse, donde poder empezar una vida nueva, ellas le decían que se irían sin pensárselo. En un viaje con Acción Católica a Montserrat, delante de la Virgen, fue cuando dijo que cuando volviera a Pamplona haría algo por esas mujeres. A su vuelta fue a hablar con el Obispo, que le preguntó cuántas eran. Ella le dijo que solo ella y le dijo que cuando fueran más volviera. Blanca Goñi, que era una amiga suya que se había quedado viuda en la guerra, se unió y volvió a ir a visitar al Obispo. Nuevamente le preguntó si tenían casa y le dijo que buscase una. A través del patronato de la mujer consiguió que le cedieran una casa y así comenzó todo.

¿Cuál es el carisma de Villa Teresita?
Actualmente somos 20 religiosas, repartidas por las cinco casas. Y nuestro carisma es ser el rostro del amor, de la misericordia de Dios en medio de las personas excluidas, especialmente, de las mujeres prostitutas o víctimas de trata. La madre siempre decía que si las mujeres no conocen a Cristo a través de nosotras, a lo mejor nunca lo conocerían. Somos dentro de la Iglesia un rostro del amor de Dios para ellas, intentando que le conozcan y que experimenten ese amor de Dios y esa misericordia.

¿Cuántas voluntarias trabajan actualmente en Villa Teresita?
Por un lado estamos las consagradas, que somos 20 y por otra parte están las voluntarias. En cada proyecto que llevamos a cabo hay voluntarios y a veces también alguna persona contratada. Nuestra actividad se sostiene gracias al voluntariado y se reparten por las cinco casas: Madrid, Pamplona, Valencia, Sevilla y las Palmas de Gran Canaria. En Pamplona creo que hay unas 35 voluntarias, en dos equipos diferentes. Por un lado el grupo que hace el voluntariado de calle y por otro lado las voluntarias de los talleres de inserción laboral.

¿Qué servicios ofrecéis en Villa Teresita?
En Pamplona no tenemos acogida, excepto en los casos en los que pueda venir alguna mujer que se ha escapado de una red de trata, en la que ha intervenido la policía. Está 4 ó 5 días hasta que es derivada a otra de nuestras casas. Lo que hacemos en Pamplona es salir a la calle al encuentro de las mujeres y organizar talleres de reinserción laboral.

¿En qué se caracterizan las mujeres que acuden a Villa Teresita?
Primero que son siempre mujeres en riesgo de exclusión, mujeres que parten de situaciones muy vulnerables, de pobreza, mujeres que han sufrido violencia o que se encuentran en procesos migratorios duros. Generalmente son de la prostitución, pero no exclusivamente.

Me imagino que conocería personalmente a Isabel Garbayo. Cuénteme algo sobre ella.
Yo creo que lo fundamental de la madre fue su docilidad al espíritu. Ella era mujer muy sencilla, pese a ser de buena familia. Cuando empezó con Villa Teresita, siempre decía que lo único que sabía hacer era hablar francés y tocar el piano. El escuchar a las mujeres le fue tocando el corazón y fue dando respuesta desde la pura intuición y desde la pura docilidad al espíritu. Era una mujer de carácter sencillo, de mucho corazón y de mucha ternura. Yo la conocí mayor, porque falleció con 106 años, pero tenía una ternura especial. Creo que el corazón se le fue haciendo a la docilidad a Dios, en sentirse profundamente querida y llevada por él y en la escucha continua a las mujeres para buscarles una vida digna, una vida mejor. No era una mujer brillante, era una mujer sencilla, una mujer de Dios. Ella tenía tocado el corazón con dos realidades: una eran las mujeres y otra eran los sacerdotes. Y eso nos lo transmitió. Nos pedía la oración por los sacerdotes. Nuestra vida y nuestra entrega eran también, al igual que nuestra fórmula de votos, para la santificación de los sacerdotes. A ella en la guerra le tocó atender a muchos sacerdotes en el frente y decía que unos eran como Dios manda y otros no y siempre nos pedía rezar mucho por ellos, para que fueran como Dios mandaba.
La definiría como una mujer sencilla, sensible de corazón y entregada a la voluntad de Dios.

Este año estáis celebrando los 75 años de la fundación de Villa Teresita ¿Habéis organizado algún acto?
El acto principal tuvo lugar en el Seminario, el pasado mes de marzo, y consistió en la celebración de una Eucaristía de acción de gracias. Antes de la Misa se puso un video de cómo nació Villa Teresita y de cómo se ha ido extendiendo. A pesar de ser una comunidad muy pequeña por nuestro hogar han pasado mujeres de los cinco continentes. Además, estamos participando en diferentes actos a los que se nos ha invitado, como la mesa redonda organizada por la parroquia de San Francisco Javier de Pamplona. Y en cada casa, en cada comunidad, tendremos también una celebración.

¿Cuándo habláis con las mujeres de la calle os acogen bien?
Sí. Hay dos claves. La primera es por parte de la las mujeres. Cuando están muy machacado percibes muy bien cómo vienen el otro y ven que vamos a ayudarles. Y por otro lado, que nosotras también aprendemos y no forzamos nada. Te vas haciendo con el encuentro, con la relación, ir viéndote con ellas no solo en la calle sino en otros lugares, porque le acompañas al médico, porque le acompañas a hacerse unos papeles de documentación, porque la visitas en su casa, etc. Es un encuentro que va haciendo que el vínculo crezca y que sea de forma natural, pero en general la acogida es fácil. A veces, dependiendo de la nacionalidad y de situaciones que han vivido, la confianza cuesta más.

Y las mujeres con las que tratáis ¿quieren salir de la prostitución?
Es un mundo muy complejo. La mayoría te expresan que no es lo que querían, pero que no es fácil salir o que no es el momento. Muchas veces se ven obligadas por muchas razones: las inmigrantes porque tienen deudas de 50.000 o 60.000 euros con la mafia que les ha traído a España. Creen que no saben hacer otra casa. A muchas las seducen, las enamoran, las dejan embarazadas y se las traen a prostituirse. Romper con todo eso, con el padre de sus hijos, con la única persona que conocen en España, etc, es muy complejo.
Recuerdo un chica rumana de 21 años que me decía que no tenía estudios, ni formación para trabajar en nada y que si no era prostituta qué podía ser. Si nadie les recuerda su valor y su capacidad es imposible que salgan de ese mundo. Hay que darles esperanza, decirles que eso no es lo último porque tienen otras posibilidades.