San Felices

Viana celebra la fiesta de San Felices

El pasado 1 de febrero, la ciudad de Viana celebró una Eucaristía con motivo de los 800 años de su fundación. El 1 de febrero de 1219, se puso la primera piedra en la villa, fundada por deseo de Sancho el Fuerte de Navarra en la frontera frente a Castilla con el objetivo de defender el Reino de Navarra. El lugar en donde se llevó a cabo tal hecho fue el portal de San Felices. Así nació la ciudad de Viana, que el rey Felipe IV, por carta real, la denominó ciudad en el mes de mayo de 1630.

Esta importante efeméride se celebra en la memoria de San Felices todos los 1 de febrero desde el siglo XVI. Solo en la francesada se interrumpió, para volver a recuperarse en 1922, hasta nuestros días.

Por motivo de esta fiesta, el Señor Arzobispo, Mons. Francisco Pérez, presidió esta Eucaristía, acompañado por el párroco de la localidad, José Ignacio Hernández, y por su predecesor, José María Ortiz.

En su homilía, don Francisco recordó la historia de Viana y la de San Felices. Además, recordó a los numerosos asistentes que “uno de los grandes peligros que más nos acecha en nuestra época es la soberbia que nos hace creer que el ser humano tiene, por si mismo, el poder y el dominio de todo. La ciencia, la técnica, los nuevos medios digitales y los progresos informáticos nos dan unas alas que nos llevan a vivir más en lo virtual que en lo real y llegan a convertirnos, muchas veces, en super-humanos. Sin embargo el Reino de Dios es mucho más real y más gratificante y humano”. Otro de los peligros que recordó es el de la ausencia de amor. “Si dios es amor y no se le adora, el ser humano pierde su propia identidad. Sin Dios el humanismo es falso. Un humanismo que no se basa en la verdad, la justicia, el amor y la misericordia, es un humanismo incompleto”. Y concluyó afirmando que “el secreto de los que buscan la felicidad radica en cumplir la voluntad de Dios”.

El templo estaba a rebosar de fieles, especialmente niños, a los que al terminar la Misa, don Francisco invitó a subir al altar para rezar junto a él a Jesús y pedirle por la paz, el amor y la fraternidad.

Además, el Arzobispo bendijo las monedas que luego se repartieron entre los niños y los vecinos. Es tradición que el día de San Felices, para que los niños y las personas pobres pudieran recordar el acontecimiento, los regidores les entregaban, al final de la Misa, unas monedas.

San felices:
San Felices fue un santo eremita que se estableció en los riscos de Biblibio, en Haro (La Rioja) . Fue durante tres años el maestro de San Millán antes de que se trasladara a los montes Cogollos para llevar a cabo su vida contemplativa. Vivió profundamente el Evangelio y su historia está marcada por un buen número de milagrosas intervenciones.