Catedral de Santa Maria la Real, 15th century a Roman Catholic cathedral of Gothic architecture in Pamplona, Spain

Celebramos el domingo 6 de noviembre el Día de la Iglesia Diocesana. Un año más esta jornada nos invita a profundizar en nuestro ser creyentes, recordando nuestra pertenencia a la Iglesia extendida por toda la tierra y que peregrina en nuestra Diócesis de Pamplona y Tudela.

Con la celebración de este Día de la Iglesia Diocesana” se pretende despertar la conciencia de los católicos y llamarlos a la responsabilidad para que, en coherencia con su fe y según sus posibilidades, se comprometan en la vida y la misión de la Iglesia, tanto con su dedicación personal como con su aportación económica para el sostenimiento de las obras apostólicas y sociales de la Iglesia, que, en definitiva, son obras de todos y para todos.

Se trata de una jornada de gratitud y de compromiso. Gratitud por todo lo que la Iglesia nos ha dado y nos da. Así se comprende el lema elegido: «Gracias por tanto». Y una jornada también de compromiso, que debe acrecentar nuestra conciencia de miembros de la Iglesia y, por tanto, responsabilizarnos de su funcionamiento y sostenimiento.

Colaborar, precisamente, en el sostenimiento de la Iglesia es una manera de agradecer, como hijos de Dios y de la Iglesia, tanto bien recibido y contribuir a que se siga anunciando la Buena Noticia del Evangelio. Porque la Iglesia se edifica y mantiene viva con la participación activa de todos. Y para el cumplimiento de su misión evangelizadora, necesita recursos humanos pero también económicos.

Ahora bien, no podemos reducir la campaña a una jornada, porque se trata de una forma de vivir nuestra pertenencia a la Iglesia en el día a día. Esta familia, que es la Iglesia particular, tiene una serie de necesidades para llevar a cabo la misión de anunciar, servir y evangelizar, que requieren la contribución y la colaboración de todos los fieles. Es preciso ofrecer nuestra disponibilidad, poniendo tiempo y cualidades personales al servicio de la Iglesia. Es necesaria la cooperación espiritual, que nos haga sentir como propias las necesidades de nuestra comunidad diocesana, y rezar por ellas. Pero es también ineludible la colaboración económica para ayudar a nuestra Iglesia particular en sus múltiples tareas.

Apoyemos a la Iglesia con nuestros donativos y con nuestro compromiso de vida, con la entrega, cada uno desde su propio carisma y desde su propia vocación, a la tarea evangelizadora. La Iglesia, con el compromiso de todos y cada uno de los que la formamos, dispondrá de los medios necesarios para seguir siendo la portadora del mensaje del amor de Dios para todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Os animo a todos, creyentes y personas de buena voluntad, a colaborar en esta hermosa misión. Muchas gracias por vuestro trabajo, vuestra generosidad, vuestra oración y vuestro servicio a la Iglesia.

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