Reproduction laws and abortion or fetus rights.

Ante las circunstancias que nos encontramos existe una gran tentación y es la soberbia, oculta pero muy presente en las ideologías que tanto se promueven y se vanaglorian. Cuando se quiere aparentar como bondad lo que es contrario a ella bien se puede llamar, como dice Cristo: “Sepulcros blanqueados”. Es contundente el Señor cuando observa la falsedad con la que se puede aparentar algo que no se tiene. “Vosotros os hacéis pasar por justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones; porque lo que parece ser excelso ante los hombres es abominable ante Dios” (Lc 16, 15). La grandeza enorgullecida por el ser humano tiene poco recorrido pues se parece al que quiere construir su casa en una nube o en un barrizal de arena.
Me viene a la memoria la descripción que hace un gran pensador: “El dinero es el ídolo de nuestro tiempo. A él rinde homenaje instintivo la multitud, la masa del ser humano. Estos miden la dicha según la fortuna, y, según la fortuna también miden la honorabilidad… Todo esto se debe a la convicción de que con la riqueza se puede todo. La riqueza por tanto es uno de los ídolos de nuestros días, y la notoriedad es otro… La notoriedad, el hecho de ser reconocido y de hacer ruido en el mundo -lo que podría llamarse una fama de prensa- ha llegado a ser considerada como un bien en sí mismo, un bien soberano, un objeto de verdadera veneración” (San John Henry Newman, mix.5, sobre la santidad). La verdadera dicha no reside ni en la riqueza o el bienestar, ni en la gloria humana o el poder, ni en ninguna obra humana, por útil que sea, ni en ninguna criatura, sino sólo en Dios, fuente de todo bien y de todo amor. Ésta es la experiencia de los santos.
Dios tiene mucha paciencia y sabe esperar a fin de que el ser humano se convierta y encuentre el camino auténtico y justo. Pero sucede que cuando se saltan las leyes naturales por la acción humana pasa que éstas arremeten con furia contra aquel que las quiere cambiar o cambia. Pensemos en los desastres que se están produciendo con el deterioro a la ecología. Los frutos serán muy amargos. Ahora se intenta volver hacia atrás para “curarnos en salud” y no hay muchas soluciones puesto que se han impuesto los protocolos de convertir la naturaleza sierva del dominio humano. Entonces la misma ley natural, que nunca perdona, se ha vuelto contra el ser humano. Si nos centramos en leyes que emanan de los Parlamentos podemos decir que quieren imponerse a la ley divina: ley del aborto, ley de la eutanasia… Las consecuencias serán muy dolorosas y será una amenaza permanente que llevará a que se pierda lo auténtico del verdadero humanismo. Ya lo estamos observando con la excesiva afección sentimental a las mascotas.
Nada hay más rastrero que la postura que toma la soberbia y lo grave es cuando no se deja aconsejar y mucho menos corregir, entonces se endiosa y nada, ni nadie la puede aparentemente vencer. Pero el tiempo tiene –como la naturaleza- su propia ley y lo que se haya sembrado eso se recogerá. Al final Cristo juzgará a todos y dará a cada uno su merecido al trigo como trigo y a la cizaña como cizaña (Cfr. Mt 13, 24-30). No hay escapatoria y la justicia no puede negarse a sí misma. De aquí se sigue que se puede llegar a una solución y es la de volver –antes del final- a considerar el camino equivocado y convertirse a la humildad que es la única medicina que cura la enfermedad espiritual de la soberbia. Eliminemos la cizaña y pongamos en su lugar trigo. ❏

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