¿NOS MOVEMOS POR PREJUICIOS?

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       1.- Es muy curioso comprobar cómo trabaja erróneamente la débil psicología humana puesto que busca siempre resortes para justificarse, pase lo que pase. Y uno de los motivos por los que filtramos nuestros pensamientos sobre los demás es el prejuicio. Hacemos juicio sobre los otros sin constatar y contrastar la objetividad de dichos juicios. Y esto que parece inconcebible, es muy común.  El prejuicio -que proviene del latín (praeiudicium) que significa juicio previo-, es la acción y efecto de prejuzgar las situaciones, las personas, las circunstancias sin tener cabal conocimiento o juzgar antes del tiempo oportuno. En otras palabras, un prejuicio es una crítica que se realiza sin tener los suficientes elementos previos para fundamentarla. Y se estará reproduciendo un estereotipo y nos quedamos tan anchos subidos en el pódium del sabelotodo.

       Hoy tenemos, por los medios tan sofisticados de comunicación, un gran peligro que está muy presente en el ambiente es el de propagar noticias de todo tipo y aquellas que más daño hacen son las noticias falsas (fake news). Y esto tiene un nombre: la calumnia. Se hace mucho daño y de modo especial cuando se ataca a la persona de forma despiadada. La calumnia tiene como finalidad realizar juicios que no son ciertos. Es una acusación falsa que se realiza con el objetivo de provocar un perjuicio y un daño. No importa si se perjudica a la persona puesto que la malicia impera sobre la verdad; la persona no interesa, es más, se la desprecia.

       El Papa Francisco afirma: “Acoger la Palabra de Jesús nos hace hermanos entre nosotros, nos hace familia de Jesús. La calumnia destruye la fama de los demás y nos hace familia del diablo” (Rezo del Ángelus, 10 de junio 2018). La calumnia destruye la obra de Dios, porque nace del odio. Es hija de la mentira y así nos lo describe el apóstol San Juan: “Vosotros tenéis por padre al diablo y queréis cumplir las apetencias de vuestro padre; él era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla la mentira, de lo suyo habla, porque es mentiroso y el padre de la mentira” (Jn 8, 44). Mentira y calumnia van juntas, porque una tiene necesidad de la otra para seguir adelante.

     2.- Tal vez muchas veces  no nos percatamos del dolor que provoca en la persona que se siente atacada y condenada por la calumnia. Es un dolor tan fuerte que puede acarrear dolencias no sólo sicológicas sino incluso fisiológicas que atormentan fuertemente. Y lo más grave es que no encuentran consuelo por más que se les quiera ayudar. Solamente la fe, como me decía en una ocasión una persona, puede dar una luz de esperanza. Es cierto que cuando nos apoyamos en la experiencia de Jesucristo podemos sentir como vital  y auténtico lo que él dijo: “Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré. Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mía que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas: porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11, 28-30). No es una expresión más o menos poética que sobrevuela por encima y que no tiene consistencia. Es la medicina espiritual que sosiega y tranquiliza lo sicológico y lo corporal.

    Sabemos por historia personal y por lo que comprobamos a nuestro alrededor que hay sufrimientos de todo tipo y a veces son como una carga que nos se puede soportar. Por eso mi yugo es suave y mi carga ligera, como nos indica Jesucristo, es verdad. “Cualquier otra carga te oprime y abruma, mas la carga de Cristo te alivia el peso. Cualquier otra carga tiene peso, pero la de Cristo tiene alas. Si a un pájaro le quitas las alas, parece que le alivias del peso, pero cuanto más le quites este peso, tanto más le atas a la tierra. Ves en el suelo al que quisiste aliviar de un peso; restitúyele el peso de sus alas y verás como vuela” (San Agustín, Sermones 126, 12). Hoy que tanto se alardea de infravalorar lo espiritual, es conveniente recuperar lo que autentifica al ser humano y a la persona: su propia identidad.

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