Foto Buena Misa Crismal

Celebración de la Misa Crismal

Hoy, 8 de abril, a las once de la mañana, se ha celebrado en la Catedral de Santa María la Real de Pamplona la Misa Crismal. Una celebración en la que los sacerdotes renuevan sus votos, se consagra el Santo Crisma y se bendicen todos los óleos que se utilizarán durante el resto del año en los bautismos, unciones de enfermos o confirmaciones.

Este año, debido a las medidas tomadas para paliar el coronavirus, los sacerdotes no han podido acudir a la Seo Pamplonesa y han tenido que renovar sus votos desde sus casas, a través de la Internet, mediante la web de la Catedral (www.catedraldepamplona.com/en-directo/) o de Navarra TV.

La celebración fue presidida por nuestro Arzobispo, Mons. Francisco Pérez, quien estuvo acompañado por el Obispo Auxiliar, Mons. Juan Antonio Aznáre, por el Deán, Carlos Ayerra y los sacerdotes José Antonio Goñi, Aurelio Sagaseta y Miguel Flamarique.

Se inició la celebración con el canto “Pueblo de Reyes”, entonado por Aurelio Sagaseta, Maestro de Capilla de la Catedral, quien estuvo acompañado al órgano por el sacerdote Julián Ayesa.

Tras las lecturas, don Francisco ofreció una homilía en la que hizo preguntarse si ante estos delicados momentos que vive la sociedad actualmente “¿No será que Dios quiere darnos un toque de atención? ¿No nos querrá recordar que no somos ni dueños, ni Señores, sino hijos de Dios y por tanto colaboradores de su proyecto?”.  Recordó que “es el momento de ponernos en pie y dejarnos llevar por el único que enarbola la Verdad, nuestro Señor Jesucristo”.

También les recordó a los sacerdotes que han de tener presente que el Espíritu del Señor está sobre ellos porque él les ha ungido. “El amor no puede replegarse, ya que el amor es la entrega, es servicio, es la ayuda al más necesitado”. “Quien ama vive en la plenitud de Dios. La fidelidad se expresa en el amor. Quien ama es libre. Al cristiano no se le impone ninguna ley, la felicidad no consiste en los bienes efímeros sino en el Reino de Dios. Esta libertad va por el camino de la conversión ya que quien ama se convierte. Pues hoy queremos manifestar ante el Señor que queremos recrear ante nosotros la civilización del amor”, expresó don Francisco.   

Tras la homilía se renovaron las promesas sacerdotales y posteriormente se bendijo, primero, el óleo de los enfermos, con el cual que ungirá a los enfermos para que reciban el alivio del Señor. Seguidamente se bendijo el óleo de los catecúmenos, con el cual se unge a los que recibirán el bautismo, para hacerlos fuertes contra el mal. Finalmente, don Francisco consagró el crisma con el que se ungirá a los recién bautizados, con el que los confirmados son signados, con el que se sellan las manos de los presbíteros y la cabeza de los obispos cuando son ordenados y se marcan las iglesias y los altares el día de su dedicación, para expresar la unción invisible del Espíritu Santo.

Tras la consagración, don Francisco derramó perfume sobre el óleo para confeccionar el santo crisma y después sopló sobre la boca del ánfora, del mismo modo que Dios cuando creo al hombre le insufló el aliento de vida.